El 3 de mayo miles de fieles peregrinan para orar y agradecer, pero la movida religiosa es permanente en el año.
El 3 de mayo se alcanza el clímax religioso con las festividades que ocurren en Renca y Villa de la Quebrada, pero ambos pueblos merecen una visita en cualquier momento del año, porque aúnan historia, riqueza cultural y una tradición cristiana que va más allá de una celebración o una fecha circunstancial.
Santos milagreros, se cree que el Cristo de la Quebrada fue encontrado en el corazón de un algarrobo, algunos dicen que por un hachero ciego, otros simplemente apuntan al hecho en sí. Y el Señor de Renca arrastra una historia que comenzó en Limache, una pequeña población de Chile, en los primeros años del siglo XVII.
Otra vez aparece un leñador, también ciego, que tras un hachazo a un espinillo recibió la savia en sus ojos. A partir de allí pudo ver y lo primero que percibió fue la imagen de Jesucristo en el hueco formado en el árbol. Hay muchas similitudes entre ambas historias.
Villa de la Quebrada. Al pueblo se puede llegar por las rutas 146 o 3 y está a 38 kilómetros de la capital puntana, al pie del cerro Tinaja. Tiene casitas bajas y pareciera que todas las calles conducen al templo, que tiene al costado el Vía Crucis que recorren miles de peregrinos cada día. Lo hizo colocar el obispo Di Pasquo y tiene sus figuras, de tamaño natural, en mármol de Carrara. Fue obra del artista italiano Nicolás Arrighin y se inauguró el 3 de mayo de 1951. El detalle saliente es que el Cristo de la Quebrada está en la cruz, pero no agonizante, sino muerto.
Renca. Es uno de los pocos casos de un pueblo que fue perdiendo población y brillo. Y todo "culpa" del tren, que empezó a pasar por la vecina Tilisarao. Entonces Renca, que tenía 4.000 habitantes en la época colonial, hoy no pasa de 400. Pero le queda la estirpe libertadora de sus granaderos que partieron a combatir con San Martín y el Señor, también conocido como Cristo del Espinillo.
Tras su descubrimiento, los jesuitas llevaron la imagen a la localidad chilena del mismo nombre. Un incendio no pudo con él y en un intento de llevarlo a Córdoba, la mula se plantó donde hoy se levanta Renca. Y ya no hubo forma de moverla. Así nació el pueblo en el ya lejano año 1729.
Comentá la nota