Cambiante. El nivel del equipo que sufrió las ráfagas de Banfield. Pero el arquero Pablo Heredia –nacido en la Patagonia– fue figura excluyente.
El hombre parado en medio del vendaval no se asusta. Aunque sólo tenga 24 años y un puñado de partidos en Primera. Sabe de los vientos bravos cuando allá en su Tierra del Fuego los dominó para llegar a su gran sueño.
Por eso no se achica el arquero Pablo Heredia en el sur de Buenos Aires (él también viene de allá) y resiste con manos, pies más el palo para que Belgrano tenga vida. Será así hasta el final con un 2-2 que lo deja como figura. Fue un punto que pudieron ser más, pero también ninguno.
A los 7 minutos del PT Ricardo Noir le prueba las manos y responde perfecto. Ahí está Heredia que había sido titular por última vez el 11 de mayo ante Arsenal por la fecha 18 del Final, que fue 0-0. Pero eso es pasado y el 1 recibe el primer golpe: penal para el Taladro, Santiago Salcedo toca suave y Heredia vuela al otro palo. No bajará los brazos. Y vuelve a responder cuando Bianchi Arce prueba. Otra vez Heredia.
Los vientos le golpean el arco mientras sus compañeros hacen pie a medias. El empate de Jorge Velázquez tranquiliza a medias. Pero Juan Cazares, a los 3, lo hace volar de vuelta. Y otra vez el mazazo: Trinidad queda libre de marcas, la pelota debajo de sus piernas, el 2-1 pegándole de frente. Se sacude el Pirata porque los vientos lo tumban hacia el partido 12 sin ganar de visitante. Entonces Heredia grita, gesticula y aplaude para despertar a los suyos y recordarles que hay esperanza.
A los 21 minutos, el apellido Heredia se fija en la garganta de los relatores. No la pasa bien Belgrano, pero en el arco alguien está dispuesto a dejarlo todo. “Dimos batalla. Estuvo complicado, pero el equipo en el segundo tiempo tuvo reacción”, dirá después del cotejo. Pero todavía faltan algunas ráfagas peligrosas.
Noir entra al área y él la saca con la pierna y la bola da en el palo.
Dirá después Heredia: “La más difícil fue la del pie. Había que estar metido. Pero este equipo ha demostrado reacción hace varias temporadas en los momentos más complicados. Estábamos necesitados del resultado y genera confianza”, agregó el golero.
Como el viento
Pero no sólo el arquero flameó. El propio Pirata tiene arranques y ráfagas. Cambia de un momento a otro. En el PT pareció perderse, en el complemento salió a empatarlo y fue, por momentos, pura convicción. Así deambula en el Transición. De un extremo de rendimiento a otro. Contra Atlético de Rafaela demostró alto nivel y a la fecha siguiente, ante Estudiantes, jugó “el peor partido”, según sus protagonistas.
Todavía no consigue la regularidad tan pretendida. Belgrano como el viento que aunque el pronóstico diga para donde va a marchar, cambia de repente. Bloquea al propio Vélez y se desparrama sin ideas ante Racing.
Y ayer, mientras el pibe Heredia era puro grito en el fondo, los de campo rozaron la victoria. Pudo ganarlo el Celeste porque Jerry Bengtson se coló (también como el viento) para poner el 3-2. Pero su definición no tuvo toda la pericia para que la bola entrara despacito y letal al fondo de la red.
En ese desequilibrio de ganar o perderlo caminó Belgrano. Asomado al borde abismo, sostenido por las manos de Heredia que esperó su chance paciente. ¿Ya había terminado la función del número 17? No. Le quedaba una volada final para escribir su gran tarde.
Fue Nicolás Tagliafico que la puso contra un ángulo a los 49, pero otra vez él en el aire estirándose para cachetearla. Otra vez Heredia en medio del vendaval para que Belgrano resista y quede en pie. Sacudido, zamarreado, pero con vida en el sur de Buenos Aires.
“Estábamos necesitados de resultados y genera confianza. tuvimos reacción”,Pablo Heredia.
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