El viento sopló fuerte en el Infiernillo y dos vehículos sufrieron accidentes

Un trailer de la empresa Electrificadora del Valle fue volcado por las fuertes ráfagas de viento sobre la ruta Nacional 3 frente al ingreso posterior del Chalet Huergo. Media hora después una camioneta Ford F-100 quedó cruzada entre la ruta y la banquina, al borde de un cañadón del cerro Chenque, con peligro de volcar. Defensa Civil brindó asistencia y no se lamentaron víctimas.
El trailer tipo casilla rodante fue volcado por la fuerza del viento cuando viajaba por ruta 3.

Las ráfagas de 105 kilómetros por hora que se registraron ayer al mediodía –de acuerdo a los datos de la oficina de Pronósticos del Ministerio de Defensa- provocaron accidentes con dos vehículos pesados en las zonas aledañas al Infiernillo y laderas del cerro Chenque.

Según pudo averiguar Diario Patagónico, un camión de la empresa Electrificadora del Valle (EDEVSA) que se dirigía de sur a norte por ruta Nacional 3, sufrió el vuelco de su carga: un trailer rodante. El camión, según manifestó su conductor, transportaba el trailer desde la base de la empresa en la zona industrial de la ciudad hasta Manantiales Behr.

Las fuertes ráfagas de viento que soplaron en la mañana se manifestaron con más crudeza en la zona del Infiernillo y en los cañadones del cerro Chenque. Justo allí, en el ingreso posterior del Chalet Huergo, casi frente al desvío del camino del Centenario, el trailer terminó volcado sobre la banquina. Por fortuna no se registraron heridos y en el lugar tomó intervención personal de Defensa Civil y de la misma empresa que se encargaba del transporte.

Lo cierto es que el fuerte viento se hizo sentir en cargas livianas o en vehículos de gran altura. Según informaron desde la Oficina de Pronósticos, el día fue ventoso y con baja presión en la atmósfera, lo que dibujó una mañana atípica en la ciudad.

“NUNCA ME PASO ALGO ASI”

El trailer de la empresa privada no fue el único afectado durante la mañana de ayer en la zona del Infiernillo sobe la ruta 3. Los granitos de greda volaban por los cañadones del cerro Chenque y una camioneta Ford F-100 intentaba, alrededor de las 11, cruzar desde el centro hacia Kilómetro 3.

La difícil tarea estaba al mando del fletero Paura, que hace más de 18 años trabaja haciendo viajes y mudanzas a bordo de una camioneta Ford F-100 modelo viejo con una caja de madera con la que se gana “el pan de todos los días”.

Paura conducía su flete desde el barrio Stella Maris hacia Kilómetro 8, llevaba en la caja de la Ford una pequeña casa prefabricada de la familia Santos. Dijo que el viento en la zona sur no se vislumbraba con tanta rudeza, pero que al llegar al cerro Chenque las ráfagas le hicieron cruzar la camioneta entre la banquina y la ruta nacional 3.

Es que en la caja de la camioneta transportaba una pared de madera y chapas de más de tres metros que embolsó el viento y puso en peligro a los ocupantes de la Ford.

El viento cruzó a la camioneta y la dejó al borde del vuelco. Paura y los integrantes de la familia Santos inmediatamente se colgaron de la caja del flete haciendo contrapeso. El fuerte viento seguía soplando y nadie sabía qué hacer.

Los cronistas de este diario solicitaron la colaboración de Defensa Civil ante el pedido desesperado de los hombres. Es que, como pudieron, tomaron unos tres tirantes de madera y los colocaron entre el suelo y la caja como tensores, mientras unos de los hombres colgaba de la caja del flete peligrosamente casi en medio de la ruta nacional en una curva antes de llegar frente a la estación Eureka.

La camioneta en cualquier momento podía desbarrancarse si el viento la volcaba sobre su costado derecho. En ese momento llegó la asistencia de Defensa Civil, al mando del jefe de la división, Alejandro Salinas, quien recomendó a Paura maniobrar colocando el móvil frente al viento, para luego acomodar la carga.

Paura no se atrevió y llamó a su hijo para que realizara la maniobra. En el lugar se solicitó la colaboración de Tránsito Municipal que cortó la ruta para que finalmente se concretara la maniobra. Entonces, el fletero pudo acomodar la carga y así proseguir viaje. “En casi 20 años de trabajo nunca me pasó algo así por el viento”, confesaría.

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