Viejas crónicas de una joven ciudad: los surtidores

Viejas crónicas de una joven ciudad: los surtidores
El autor realiza un repaso de la vida que tenía Rafaela en sus primeros años tras ser declarada ciudad. En 1918 merced a la Ordenanza 117 se autorizó a José María Podio a instalar cuatro surtidores de combustible en la vía pública, con sus bombas y tanques subterráneos. Los lugares fueron: Plaza 25 de Mayo, Bv. Lehmann casi Alem, Bv. Roca y Ayacucho y Bv. Santa Fe casi Constitución.
A once años de su nombramiento como ciudad ocurrían en Rafaela acontecimientos que lograban despertar un extraordinario interés en gran parte de los 13.000 vecinos censados oficialmente. Estos hechos, novedosos para ellos, no eran otra cosa que sucesos propios de una población joven en vertiginoso crecimiento. Las hojitas faltantes del almanaque indicaban que el año 1925 estaba promediando y tanto en los populares corrillos reunidos en las esquinas de la Avenida Santa Fe como en las controvertidas mesas del Café La Gloria, no faltaban diarios e importantes hechos como para comentar y discutir. Daban pie a esas habladurías, por ejemplo, temas relacionados con el deporte. Después de la alegría que había significado el triunfo de Angel y Francisco Marelli, los pilotos locales que ganaron con un Studebacker el Gran Premio Nacional (Buenos Aires-Rosario-Córdoba y regreso), fue muy comentada la prueba ciclística del domingo 3 de mayo conocida como los 100 Kilómetros de Rafaela. Participaron en ella los mejores pedalistas del momento en un circuito que enlazaba las Avenidas Lehmann y Roca -ambas todavía de tierra- donde triunfaba el santafesino Antonio Bucca, llegando en el sexto lugar el rafaelino Juan T. Rigoni, quien merecía por ello el Diploma de Honor y el título de Campeón Rafaelino. Pocos días después gran revuelo en torno a la plaza; era el 25 de mayo y se habría de correr la clásica competencia automovilística Rafaela-Pte.Roca-Desvío Zanetti - Rafaela, pactada a diez vueltas para totalizar 416 kms. de carrera. Pasadas 3 horas, 3 minutos y 17 segundos de la partida cruzaba la meta triunfante Eduardo Dutruel con Studebacker, marcando un promedio de 116,500 kph. El 28 de junio el equipo rafaelino de fútbol del club 9 de Julio provocaba negativos comentarios entre los aficionados tras sufrir un duro golpe ante Unión de Santa Fe perdiendo por 6 tantos a 1. También el arte tuvo su chismografía cuando el 30 de septiembre el dúo Carlos Gardel- José Razzano se presentaba en el Cine Teatro Colón y precisamente en esa función se producía la separación artística de estos dos cantantes. El “Zorzal Criollo” comenzaba entonces, en esta ciudad de Rafaela, su carrera como solista que habría de concluir trágicamente, 10 años después, en Medellín, Colombia. Vaya si tenían entonces temas para comentar los rafaelinos. Pero había otro buen proveedor de material como para incrementar las habladurías ciudadanas; la propia Municipalidad. Ese año fue pródiga en entradas, salidas y ausencias de intendentes -cosa que mejoraría en los años siguientes- pues la ciudad tuvo como “lord mayor” hasta el 16 de agosto a don Luis Tettamanti, después a don Francisco Sáenz Díaz hasta el 1 de septiembre y luego seguiría un largo período sin intendente hasta 12 de febrero del año 1926. Pero fue justamente en los días del mandato de don Luis Tettamanti cuando surgió una demanda judicial a la Municipalidad de tal importancia que el diario “Santa Fe” del 30 de agosto se hacía eco de ella comentando en una página entera, la número 3, todos los detalles del caso. El Concejo Deliberante de Rafaela había dictado el 19 de noviembre de 1918 la ordenanza número 117 propuesta por el Departamento Ejecutivo mediante la cual, y en su artículo 1.0, concedía al señor José María Podio el permiso para instalar surtidores de combustible en la vía pública con sus correspondientes bombas y tanques subterráneos, tanto para abastecer automóviles como para uso industrial. Estos surtidores, según el artículo 0.2, serían ubicados en sitios de la zona urbana según un acuerdo entre el Departamento Ejecutivo Municipal y el permisionario para ser explotados, según el artículo 11.0, por el término de 15 años. El señor José M. Podio instalaba entonces cuatro de ellos en los siguientes lugares: uno en la misma Plaza 25 de Mayo, otro en Av. Lehmann a pocos metros de Alem, otro más en Av. Roca y Ayacucho y el restante en Av. Santa Fe casi esquina Constitución. Y así fue hasta 1925 cuando Enrique Martegani y Cía, antigua firma comercial de la ciudad, representantes de los automóviles Maxwell, agentes exclusivos de la Compañía Anglo Mexican Petroleum con venta de lubricantes, accesorios para automóviles y distribuidores de la prestigiosa nafta “Energina” -de gran consumo por entonces en el país- presentaba un pedido de autorización a la Municipalidad para instalar su propio surtidor que le permitiría expender el producto a granel. El 14 de mayo de 1925 el intendente Tettamanti firmaba una reglamentación basada en la ordenanza de 1918 donde, en su artículo 3ro. y por razones, decía, de seguridad, estética e impuestos (?), prohibía instalar otros surtidores a una distancia menor de 500 metros a la redonda de los que ya existían. Es decir que cada uno de los surtidores nombrados arriba, propiedad de José María Podio, contaba con un círculo protector de diez cuadras de diámetro dentro del cual no debía haber competencia. Dado el tamaño de la ciudad por entonces y de acuerdo a esa, se puede decir, casi monopólica ley existente, los expendedores de nafta “Energina” debían instalarse en medio de los potreros vecinos a la ciudad entre vacas y trigales, y no donde solicitaron, en la vereda de Avenida Santa Fe 221, frente mismo a su local comercial. En vano adujeron los demandantes que la calle era suficientemente ancha, que los autos contra el cordón no molestarían a nadie y que la vereda era tan amplia como una calle: el 17 de junio el Intendente devuelve la solicitud denegándola. Los abogados de Martegani presentaron entonces una demanda por inconstitucionalidad al Juez de Primera Instancia Antonio Ferrari por violación de los artículos 14, 16, 19, 28, 31 y 33 de la Constitución Nacional y a los artículos 7, 11, 32 y 35 de la Constitución Provincial. ¿Qué pasó después?... el municipio, abrumado quizás por tal aluvión de artículos constitucionales en su contra dio rápidamente marcha atrás derogando la ordenanza 117. Así fue porque a partir del año 1926 ya se ubicaba un nuevo surtidor de nafta en el taller de Pairola Hnos de Avenida Centenario (hoy Bv. H. Yrigoyen) número 157 y otro en una estación de servicio en pleno centro, la llamada “Avenida” instalada en Avenida Santa Fe 482, expendiendo ambos naftas tanto a automóviles como a camiones. Evidentemente las autoridades de entonces reconocían y corregían rápidamente los errores propios de una joven ciudad en plena adolescencia y los vecinos, por su parte, no vacilaban en demandar judicialmente a las autoridades si creían que los asistía la razón. En definitiva, concluido el “affaire” de los surtidores los corrillos habladores tuvieron que buscar nuevos acontecimientos para lograr el “quorum” necesario para poder chismorrear en las esquinas rafaelinas y en torno a las mesas del mítico café céntrico aún existente.

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