La vieja Legislatura ahora es un museo interactivo

La vieja Legislatura ahora es un museo interactivo

Desde hoy, se podrá acceder a archivos y documentos históricos.

El viejo edificio de la Legislatura será reinaugurado esta tarde como un museo interactivo, en el que se podrá asistir a sesiones históricas y escuchar los discursos de antiguos diputados. La remodelación tardó más de dos años y costó 9 millones de pesos, el triple de lo que se había previsto inicialmente.

Ayer, la vicegobernadora Ana Pechen recorrió la obra junto con periodistas y reconoció que resultó “mucho más complicada de lo que pensábamos”. Explicó que, por tratarse de un edificio de principios del siglo pasado, debieron adaptar las cañerías, conexiones eléctricas y estructuras de seguridad a las normas actuales. “Imagínense que no había columnas y hubo que cubrir las paredes para darles refuerzo”, explicó.

El esqueleto de lo que fue la Legislatura se mantuvo y los trabajos se concentraron en la reposición de puertas, ventanas, pisos y cielorrasos. El edificio conserva todavía la vieja sala de comisiones, donde ahora se reunirá la Junta Histórica de Neuquén. También quedó en pie el patio interno y el árbol que le da sombra, el despacho del vicegobernador, la fachada de la Avenida Olascoaga y el recinto.

Las antiguas bancas de los diputados se pueden apreciar desde una vitrina, preparada para que los visitantes disfruten de representaciones teatrales de sesiones históricas. La reconstrucción del debate se logra mediante locuciones en off, proyecciones en la pared y juegos de luces para destacar la banca del que está hablando.

En el acto de esta tarde, se podrá asistir a los primeros 20 minutos de la primera sesión legislativa, cuando asumió el gobernador Ángel Édelman. Más adelante ofrecerán otras representaciones, como la sesión en la que crearon la Universidad del Comahue o la presa de El Chocón.

Pechen explicó que aún deben “llenar de contenido” el lugar,  dado que “la idea es tener un museo interactivo, que vaya cambiando sus presentaciones, y no sea solo archivar cosas para que la gente pase y vea”.

El primer piso, donde funcionaban los bloques partidarios, se acondicionó para dictar talleres con jóvenes “inspirándonos en un modelo de trabajo que utiliza el Museo de Ana Frank”, anticipó.

El ala norte, donde estaba la imprenta, aún está en remodelación. Los martes y los jueves, habrá visitas guiadas para las escuelas.

El valor simbólico que todavía permanece en el antiguo edificio

Neuquén

Parecía una alegoría de la institucionalidad neuquina. La vieja sede de la Legislatura tenía el tamaño físico de lo que ciertamente representaba para el poder político de la provincia, especialmente desde el retorno de la democracia en 1983.

La primera sede del Poder Legislativo provincial funcionaba en un edificio de construcción rústica y laberíntica, que sumaba oficinas de miniatura al ritmo que crecía el número de asesores y empleados de los diputados. Cuando llovía, las goteras se multiplicaban y había apenas una sala para las deliberaciones de comisión. La oficina más importante era la que ocupaba el presidente, es decir el vicegobernador, aunque nada fuera de lo común. Los despachos de los diputados, en cambio, eran minimalistas a la fuerza, no por estética.

Era un edificio tan pequeño como lo que representaba hasta que se enmendó la Constitución en 1994, cuando se incorporó la proporcionalidad. Hasta entonces, la Constitución preveía solo dos bloques, el oficialista, que se quedaba con el control absoluto, y el bloque de la minoría, una representación simbólica que tenía votos pero que nunca alcanzaban para dar vuelta los proyectos que se enviaban desde la Gobernación. Es decir, era una gran escribanía atendida por 25 escribanos y un ejército de empleados.

Allí di mis primeros pasos como cronista parlamentario. Fui aprendiz en El Diario del Neuquén, cuando el vicegobernador era Lucas Echegaray y luego, con algo más de oficio, escribía las crónicas para la extinta La Mañana del Sur. El trabajo allí no era complicado si se conocían los recovecos del edificio.

Con un puñado de colegas, fuimos testigos de sesiones memorables, como la de la aprobación de la enmienda que terminó con la mezquindad democrática de la provincia. Y otras tantas muy aburridas que solían protagonizar legisladores de escasa preparación. A algunos de ellos, por ejemplo, nunca los escuché hablar desde su banca, porque no abrían la boca, solo se movían para levantar la mano cuando el presidente lo ordenaba con una mirada.

Aquella Legislatura era la antítesis de la actual. Antes funcionaba incluso más allá del Bajo, lejos de donde todo se decidía.

La nueva Legislatura parece casi inalcanzable para los ciudadanos de a pie. Cuando la conocí, recién hace pocos meses, me abrumó su suntuosidad, algo que no necesariamente es sinónimo de garantía de calidad institucional.

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