Vidas observadas: crece el uso de cámaras de seguridad

Vidas observadas: crece el uso de cámaras de seguridad
Casi todas nuestras acciones cotidianas dejan su huella en registros públicos o privados. Esta vigilancia se puede encontrar desde jardines maternos hasta en geriátricos.
Es un síntoma de época: sin saberlo, goteamos datos a cada paso. Sucede en todos los órdenes de la vida. Nos observan, nos vigilan, puede ser el Estado, los bancos, empresas, servidores de Internet y hasta los jardines de infantes. Todo con pregonado fin de acabar con la inseguridad y luchar contra el delito.

En Paraná, hay un jardín maternal en calle General Galán que es el único en dicha localidad que brinda el servicio de sistema de vigilancia personalizado. La dueña, Mariela Salazar, que hace 20 años lleva adelante el establecimiento, habló con UNO y dio testimonio de lo satisfactorio que es tener instalado las cámaras de seguridad.

Salazar explicó que “en un principio en el jardín teníamos tres salitas: de 2, 3 y 4 años. Luego las madres nos pidieron que abriéramos una cuarta salita para bebes que partieran de los 45 días, ya que la mayoría trabajaba y les era complicado cuidar a sus hijos así que decidimos hacerlo. Pero notábamos que las madres quedaban muy tristes al no ver el proceso de crecimiento de sus hijos, y además había una falencia en la educación porque durante las horas que pasaban en el jardín los niños aprendían muchas cosas y experimentaban situaciones que eran necesarias que los padres las vieran y que ellos eran ajenas. Por eso decidimos instalar un sistema de vigilancia al que los padres tuvieran acceso”.

“Hace casi dos años que instalamos las cámaras de seguridad en el jardín y la verdad es que hemos tenido una respuesta muy favorable y más que satisfactoria por parte de los padres. Ellos están muy contentos, ya que pueden ver a sus hijos a través de Internet”, relató la maestra jardinera y continuó: “Pero no cualquiera puede ingresar a ver las cámaras, nosotros le damos a cada padre un código y una clave personal por el cual ingresan a nuestra página Web y ahí pueden ver la sala donde está su hijo. Ellos no pueden ver todo el jardín, sino únicamente donde está su hijo”.

De esta manera los padres pueden ver qué hacen sus hijos durante el día, más allá de que en los cuadernos de comunicación las maestras se lo detallan. Vigilar a sus hijos ya sea desde una computadora en el trabajo, un celular de tecnología avanzada durante la cola de un banco o una notebook mientras toman un café es la posibilidad que brinda este jardín de la mano del crecimiento tecnológico.

Salazar indicó: “Tener las cámaras de seguridad nos facilita muchos aspectos en el jardín, ya que de esta manera los padres comparten con sus hijos el proceso de educación pero sin estar presentes -porque los niños no se comportan de igual manera mientras están en el jardín que cuando están en sus casas- así las maestras pueden dar la clase tranquila mientras que los padres observan todo lo que hacen desde donde sea a través de Internet”.

Por último la docente dijo que “en total tenemos seis cámaras de seguridad, una en cada sala –son cuatro en total- otra en el hall de entrada y otra en el exterior de la institución. De esta manera los padres y las maestras están tranquilos y pueden desarrollar su vida cotidiana sin preocupación”.

Tercera edad

Otra institución en Paraná que tiene cámaras de seguridad es la residencia geriátrica que está en calle La Paz, también la única en dicha localidad con un sistema de monitoreo on line. Este establecimiento, a diferencia del jardín materno, no brinda códigos o claves para que los familiares de los pacientes ingresen a través de Internet. Sino que simplemente tiene instalado el sistema de vigilancia para observar constantemente a los mayores.

El médico especialista en gerontología, Mario Vivas, dueño del establecimiento habló con UNO e indicó: “Hace unos tres años que instalamos las cámaras de seguridad en todo el edificio, al ser grande y haber muchos cuartos con pacientes, la disponibilidad de cámaras en cada sector nos permite tener todo bajo control”.

“En la sala de enfermería hay un televisor que reproduce las cámaras, serán alrededor de siete, así estamos atentos a que no le suceda nada a ningún paciente y podemos desarrollar la actividad en el geriátrico con total seguridad y tranquilidad”, explicó el médico y agregó: “La verdad que la instalación del sistema de seguridad mejora muchos aspectos del trabajo en la residencia. Los familiares de los pacientes están satisfechos porque saben que están vigilados”.

El rastro de la rutina

Así como hay establecimientos privados que instalan cámaras de seguridad para vigilar y tener todo bajo control, la Policía de Entre Ríos -también la de otras provincias- instaló a fines de 2011 y comienzos de 2012 cámaras de seguridad en distintas localidades para realizar tareas de control y prevención del delito, por lo tanto cuando caminamos por la ciudad las imágenes captadas por estos dispositivos de la vía pública son almacenadas.

Pero esto no es todo, hay miles de actos de nuestra vida cotidiana en los que dejamos huellas. En Argentina a fines de 2011, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner presentó un ambicioso proyecto de vigilancia estatal generalizada: una base tecnológica de datos llamada Sibios (Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad), que almacena la información biométrica (cara y huellas dactilares) de todas las personas. Por eso desde el 1 de enero de 2012, todos los recién nacidos son registrados por Sibios, y la información queda a disposición de todas las fuerzas de seguridad.

También cuando se utiliza el trasporte público, cada tarjeta SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico) está asociada a un nombre y a un DNI, que la controla desde el Ministerio de Interior y Transporte y puede mapear los movimientos de cada persona, sabiendo los horarios y medios de trasporte que usó.

Cuando cualquier ciudadano quiera viajar fuera del país, el dato queda en el registro de migraciones y está disponible en la red Sibios. Puede ser utilizado por todas las fuerzas de seguridad. Además cuando se compra en el exterior, la AFIP monitorea todas las compras con tarjeta de crédito y pide información concreta cuando lo que se compra es en dólares.

Otro acto totalmente cotidiano y monitoreado es cuando alguien quiere abrir una caja de ahorro, apenas iniciada una operación de este tipo, el BCRA y la AFIP son informadas, y a veces otras entidades financieras también reciben los datos. Al igual que cuando vamos al supermercado, en toda compra con una tarjeta que supere los 1.000 pesos debe ser informado al organismo recaudador con monto y nombre del titular de la operación.

Para los ciudadanos que viven en edificios, cuando pagan las expensas, los administradores de consorcios debe informar a la AFIP el nombre de quienes abonan los gastos, si superan determinados parámetros. Además los edificios inteligentes toman fotografías y los datos personales requeridos para ingresar, se guardan en los registros de las empresas de seguridad o los consorcios.

La telaraña de información caótica está mayormente focalizada en el uso de celulares y de Internet. Al usar los servicios de mensajería a través de Internet como el WhatsApp, los datos en algún servidor en el servidor del proveedor. Cuando navegamos por Internet, los datos de nuestra navegación -sitios visitados, compras, etc.- constituyen un perfil de usuario que es también almacenado por quien presta el servicio. Y ni hablar de cuando hablamos por celular, las compañías de telefonía móvil guardan registro y ubicación exacta de todas las llamadas que realizan los usuarios de celular.

¿Es lógico que por seguridad y para evitar el delito se nos vigile tanto? ¿Hay límites? ¿Todos los caminos conducen al Gran Hermano que anticipaba George Orwell en su libro 1984? Preguntas que con el tiempo quizás obtengan respuestas.

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