Por: Osvaldo PepeEn dos meses se conocerá el fallo sobre la tragedia de Cromañón, ese símbolo que atravesará las generaciones como el más brutal maltrato a la vida joven en la Argentina. No hace falta recurrir a un ejemplo tan extremo para observar que no somos un país que cuide bien a sus jóvenes, con frecuencia, y en todos los órdenes, víctimas de la laxitud o la ausencia del Estado, y de obstáculos y discriminaciones de la sociedad.
No hablamos de un dato anecdótico, ya que según datos de la Organización Mundial de la Salud la principal causa de muerte de adolescentes de entre 15 y 19 años son los accidentes de tránsito: unas 400 mil vidas se pierden cada año por ese motivo. Entre nosotros, las cifras de Luchemos por la Vida dicen que el 19% de los muertos por el tránsito tienen de 16 a 24 años.
Cuando la mezcla de rituales festivos, alcohol y madrugada devora vidas jóvenes al volante, como ayer en Bragado (Cuatro jóvenes volvían de bailar, chocaron en la ruta y tres murieron) el tema invade los titulares de los medios y se reinstala en la agenda. Hay que preocuparse antes, en las familias y en el Estado. Cuidar las vidas jóvenes es más responsabilidad de ellos que de los propios chicos. ¿Alguien diría que lo estamos haciendo bien?
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