Ayer la ONU dio por terminada la búsqueda de sobrevivientes. Ahora el país se enfrenta a la tarea de la reconstrucción y el regreso lento a la normalidad. Washington dirigirá la recomposición del Estado y la gestión de un plan económico.
La ONU prometió 3.500 cascos azules más para engrosar la misión de 11.000 militares y civiles. Ese refuerzo tendrá destinos en el interior de Haití. El control de los puntos clave de la capital quedará bajo la mirada de 6.500 soldados con las insignias de la US Air Force y de la US Navy y otros 12.000 que llegarán esta semana.Establecieron cuatro centros provisorios en el aeropuerto, el puerto, las colinas de Petionville (en el club de golf) y en Jacmel, una ciudad costera próxima a Puerto Príncipe. Con este despliegue Washington apuesta en dos direcciones: dirigir la recomposición del Estado y del gobierno de René Preval y reservarse la gestión del Plan Marshall haitiano.Pasados los primeros 10 días, la prioridad estadounidense es lavar el rostro del centro de Puerto Príncipe. Eso requiere relocalizar ya las 10.000 personas que ocuparon con sus precarios campamentos Champs de Mars, una plaza frente al derruido Palacio de Gobierno. Ya se han removido gran parte de los escombros del Parlamento, de los ministerios y hasta del Banco Central. Y ahora se aprestan a sacar a las víctimas para trasladarlas a campos de refugiados, lejos del casco político urbano.
Según la Organización Internacional para la Emigración, una entidad intergubernamental, cerca de medio millón de personas vive a la intemperie en Puerto Príncipe, en barracas improvisadas con palos y sábanas para protegerse. Si en Haití antes el 80% de sus habitantes vivían con salarios de 60 dólares mensuales (según el FMI), hoy ni siquiera existe la posibilidad de trabajar. La destrucción de la ciudad no afectó sólo a los pobres. Telfin Robenson, Robert Etienne y Jean Michelet son jóvenes universitarios de clase media que viven estos días con sus familias en un asentamiento provisional en la Place Saint Therese. Los dos primeros, ya graduados, trabajaban en la Universidad del Estado de Haití, donde murieron centenas de estudiantes. "Aquí ya no tenemos esperanzas, no hay porvenir. Nuestras casas se destruyeron y la única perspectiva es irse al exterior", dijeron. Pero las chances de fugar de la opresiva realidad por el momento son nulas. EE.UU lacró sus puertas para todo haitiano que emprenda la aventura de emigrar en forma ilegal. Según Washington, quienes lo intenten serán "hospedados" en Guantánamo, donde ya existen 100 carpas montadas cerca de la prisión.
Si la única salida de un país pobre es apostar por la educación, en Haití esa vía se clausuró por mucho tiempo. Con 60% de los establecimientos de enseñanza primaria y secundaria destruidos, demandará años recomponer el sistema educativo. Nadie, sin embargo, habla del tema. Es que las urgencias hoy pasan por conseguir asentamientos más estructurados, comida y agua. Los haitianos adinerados, cuyas casas también fueron derribadas, fueron los primeros en huir hacia Dominicana. El municipio de Petionville donde se localizan las embajadas, residencias y palacetes privados, muestra el tamaño del desastre.
Con precios triplicados, falta dinero por el límite impuesto a la extracción de efectivo. Habrá que esperar un tiempo hasta que la Federal Reserve imprima gran cantidad de fajos de gurdas, tal como pidió el presidente Preval.
Comentá la nota