Mano a mano con uno de los periodistas más queridos. Sus inicios, anécdotas y el agradecimiento por el apoyo de los marplatenses, cuando su vida corrió peligro. “Después de mi internación empecé a darme cuenta del aprecio que me tienen”, afirmó.
Entra, tiende la mano, pregunta por Miguel y enseguida camina hacia el fondo de la redacción. Elegancia mediante, no hace más que dar cuatro, cinco pasos, que un fuerte abrazo une al director de “el Retrato…” y al entrevistado: Vicente Luis “Cholo” Ciano.
“Pero qué linda oficina tienen”, halaga mientras se quita la coqueta bufanda que envuelve su cuello. El sol intenta tomar protagonismo en una de las típicas jornadas otoñales en Mar del Plata, donde siempre hay que salir bien abrigado para esquivarle a las bajas temperaturas que acechan. Bien lo sabe él.
Se sienta, toma uno de los tantos ejemplares de nuestro semanario gráfico que han visto la luz y se somete al ida y vuelta de preguntas y respuestas, más cerca de una charla de café que otra cosa. Distendido, sonriente, de buen humor, predispuesto a hablar de todo, sin ningún tipo de cassette.
La invitación al “Cholo” tuvo un significado. Lógico, de por sí. Con motivo del Día del Periodista (7 de junio), “el Retrato…” buscó que una figura representara a todos. Y todas las miradas apuntaron hacia él. Con 78 años, y una vida llena de sueños cumplidos y por cumplir (porque nunca es tarde para seguir aprendiendo), el colega más querido de la ciudad repasó sus inicios en la profesión, anécdotas y tanto más. “Dale, charlemos”, invitó al diálogo.
-¿Qué hacía antes de ser periodista?
-Empecé a trabajar desde muy chico, en la esquina de Tucumán y Juan B. Justo. Lustré desde mis 6 años hasta que cumplí 10. También estuve dos meses en el bar que estaba frente al asilo de ancianos del barrio, que después fue una farmacia. En esa esquina me pusieron una placa. Idea que surgió de Mario Trucco y Eduardo Zanoli. Recién en abril de 1961, de la mano de Pivot, me volqué definitivamente al periodismo.
-¿Por qué llegó al periodismo?
-Quizás, por curioso. Siempre me gustó el deporte. Puntualmente el fútbol, deporte que practiqué cuando era joven. Cuando no me pusieron más realmente me di cuenta que era malo (risas). A los 14 años empecé a ir a la escribanía Parada y me dio otro léxico. Ahí estaba Herrero, que trabajaba con Pivot. Justamente, Pivot tuvo el primer programa deportivo del interior del país. Entonces, como en mi barrio estaba el club Florida, iba a todos los bailes y presentaba, micrófono en mano, a todas las reinas. Tendría menos de 20 años. Era una forma coqueta de estar cerca de las chicas (risas).
Ya que mencioné a Pivot, recuerdo que él y su equipo seguía las carreras de Turismo Carretera por todos lados. Cuando me sumé al periodismo, yo también quería ir para todos lados. En esa época, muchos años atrás, no existía la tecnología que tenemos ahora. Por eso contrataban a cuatro o cinco pibes y anotábamos todo. El orden de largada, el número del auto, la etapa y el tiempo. Con eso alimentábamos al relator y al comentarista de la radio, que por nosotros tenía información.
Y ya que estamos de anécdotas, hubo una que fue fantástica. En 1962, en plena transmisión televisiva, Pivot inventó que tenía dos aviones siguiendo la carrera, cuando en realidad tenía una sola. En el avión de mentira estaba Zanoli. Estaba en la sala de locutores en Canal 8 con Julio Rivero, que con un ventilador de pie y un cartón simulaba el ruido del avión (risas).
En una vuelta, Pivot tuvo tanta suerte que en un pasaje de 110 kilómetros, Armando J. Ríos de Necochea y los hermanos Emiliozzi de Olavarría, se pasaron como siete pasos. Fue una locura. Había dejado una camioneta en el Gaucho para que la película, como tardaba una hora y media en revelarse, fuera tirada en paracaídas. Claro, había que buscarla en el medio del campo. Por eso, quince minutos antes de terminar la transmisión pudimos pasar la película. Llorábamos y nos abrazábamos todos.
-¿Cuántos años en televisión?
-Casi todos los de mi carrera profesional. Empecé con Pivot. Del 63 hasta que me echaron en el 2000. Estuve 37 años…
-¿Cómo hizo para superar ese golpe?
-Fue muy duro para mí. Muy jodido. No estaba preparado para irme. Salvo la pérdida de un familiar cercano, nada me dolió tanto. Yo había empezado a putear contra el cable, que cobraba el fútbol. Quizás por eso me pasaron factura.
-¿Por qué no emigró a Buenos Aires? Oportunidades no le habrán faltado…
-No crean eso. Me hubiera sido muy difícil decidir, con lo cómodo que siempre me sentí en Mar del Plata. Y con lo tímido que soy. Creo que hubiese tenido un poco de miedo…
-¿Miedo a qué?
-A no rendir, a no sentirme querido o valorado. No sé si está bien que lo diga, pero me siento un privilegiado por el cariño de la gente. Si me lo pongo a pensar, no sé por qué. Quizás por la televisión.
-Acá sí se siente querido…
-Después de mi problema de salud (NdeR: estuvo más de tres meses internado por una afección que se inició con una neumonía bilateral) empecé a darme cuenta del aprecio de la gente. Frecuentemente me encuentro con personas que me dicen “no sabe lo mucho que recé por usted”. Me parten el alma. Sinceramente, no lo esperaba. Pensar que se crearon algunas cuentas de facebook para darme fuerza. Todavía no he podido contestar los cientos de mails que me mandaron aquella vez. Repito: fue una locura hermosa todo ese aprecio recibido (entre lágrimas).
LA MIRADA DE UN EXPERIMENTADO
-¿Cómo analiza el periodismo actual?
-Primero analizo la vida misma: se han perdido muchos valores y el periodismo no ha quedado exento. Mi viejo, que nació en 1886, tuvo diez hijos. Yo soy el menor. Él crió nueve, porque uno falleció antes de que yo naciera. Lo trataba de usted y me decía “los hombres no lloran”, “la palabra se respeta”, entre tantas cosas más. Me acuerdo que un día, en la época que no se firmaban contratos y todo se arreglaba con la mano, cerró un acuerdo y cuando la otra persona le fue a dar la mano, le dijo: “Para mí, con la palabra alcanza”.
-¿Le cuesta trabajar con los más jóvenes?
-Me tuve que adaptar. No sé si está bien que lo diga, es más, algunas cosas me dan vergüenza, pero me pongo a la par de ellos. Soy un convencido de que con el afecto conseguís cualquier cosa. Es mejor el afecto que el rigor. Una vez Mario Trucco, una persona que se merece todo mi respeto, me dijo: “Si aquellas personas que viven de los negocios supieran el buen negocio que es ser buena persona, serían buenos aunque sea por negocio”. Salvo excepciones, no tengo problemas con nadie.
-¿Y ahora qué lee? ¿Qué mira?
-A la noche miro todos los programas políticos que pasan por la TV.
-Siempre le gustó más la televisión, ¿no?
-Totalmente. Si me pongo a escribir, de hecho he escrito algunas columnas puntuales, creo que a la tercera línea me doy por vencido (risas). Igualmente, si hablamos del periodismo gráfico, también debo sumarle que leo mucho los portales de internet, a nivel local y nacional. Sobre todo cuando estoy en la radio, que necesito estar informado sobre los aconteceres del día. No obstante, soy un convencido de que por este estilo, de información veloz, se cortó lo que hacíamos antes. Por suerte nunca me agarró la locura de la competencia. Soy un convencido de que no hay que competir, sino emular. Por ejemplo, a Mario Trucco siempre he tratado de copiarlo, porque para mí siempre fue un referente.
LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS
-¿Lo tentaron alguna vez para hacer política?
-Dos veces, pero siempre dije que no. La misma timidez que tenía para no irme a Buenos Aires a trabajar de periodista, la tuve para rechazar las dos ofertas. Siempre dije que me parece más fácil ganar que gobernar. Me moriría si no pudiese responderle a un vecino que me votó y confió en mí. Recuerdo que cuando me tentaron por primera vez, existía un problema entre taxistas y remiseros. Interiormente pensaba que los dos tenían razón. ¿Cómo hacía para convencer a la gente que no lo hacía por plata o por mi hermano, que era taxista?
-¿Cómo analiza la política actual? ¿Qué habría que hacer para tratar de mejorar la realidad del país?
-Primero y fundamental, hay que recuperar la confianza de la gente. Hay que dejarse de embromar con el oficialismo y la oposición. Creo que deben debatir sobre los temas que verdaderamente le importa a la gente. Creo que debería haber un pacto permanente entre las fuerzas políticas. Empezar por lo más urgente. Mirá: cuando surgió en la ciudad de la Policía Comunal, algunos dijeron que no por el impuesto que se iba a cobrar. Entonces, ¿por qué no le dijeron que no al impuesto y sí a la Policía Comunal, si en definitiva estaban a favor de su creación? Esas son las cosas que no se entienden. Mirá que he estado en reuniones: nunca la preocupación está puesta en arreglar un bache. No importan las banderas políticas, más allá que siempre tendré el corazón puesto en el partido en el cual trabaja mi hijo (Ariel). No puedo ocultarlo, es mi hijo.
-¿Será difícil cambiar la mentalidad de la política?
-(Se toma su tiempo para responder). Quiero que se entienda bien, no apunto a generar ningún tipo de polémica. Antes, ser corrupto era una vergüenza. Te hacían un vacío en tu barrio. Si alguien no trabajaba, todos se preguntaban ¿de qué vive este tipo? Ojo, muchas personas no tienen trabajo y no es culpa de ellos, está claro.
-¿Qué temas le preocupan?
-La inseguridad, por sobre todo. Después, la corrupción. La inflación, porque al que más complica es al pobre. Porque, seamos claros, ¿qué significa que le vaya mal a una persona que tiene mucha plata? Ganar un poco menos, nada más. ¿Qué significa para el obrero? No llegar a fin de más. La pobreza también me parte el alma. Tengo muchos amigos en la villa y sé que trabajan de cualquier cosa para que sus pibes no se mueran de hambre. Una vez me encontré con un muchacho de Santiago del Estero que se había venido a vivir a Mar del Plata. Con cuatro o cinco chapas se hizo una casa. Le pregunté por qué se había venido de tan lejos y me contestó: “Porque acá tengo la escuela a 20 cuadras y allá la tengo a 40 kilómetros. Acá, al hospital lo tengo a 10 cuadras. Allá, a 30 kilómetros”.
-Mencionó a su hijo. Le pedimos que se saque, al menos por un instante, el rol de padre. ¿Lo ve a Ariel como futuro intendente del partido de General Pueyrredon?
-Quiero que mi hijo sea feliz. Si a él lo hace feliz su deseo de ir por más, que lo haga. Siempre estaré con él. Me llena de orgullo cómo es.
-Quizás, si algún día alcanza su cometido usted podría darse el lujo de entrevistarlo por primera vez…
-No creo que sea posible, nunca quiso. El primer día que entró en funciones, me fue claro: “No quiero”.
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