Un veterano recordó a sus compañeros del Crucero

Un veterano recordó a sus compañeros del Crucero
Carlos Barrera y Julio César Fuentes eran amigos entrañables. Uno de ellos estuvo en el Gral. Belgrano y no pudo salir del Crucero. El otro se enteró de la funesta noticia desde su barco.
Carlos Eduardo Barrera es n riojano, que en 1982 estaba cumpliendo con un curso de capacitación. Al iniciarse el conflicto, se embarcó en su tripulación y desde su posición tuvo que afrontar pérdidas entrañables, como la de su coterráneo Julio Cesar Fuentes, quien estaba en el Crucero General Belgrano. Este es un relato, quizás para muchos, ya leidos, pero que no deja de sorprender todo lo que se pierde en una guerra.

NUEVA RIOJA expuso su relato en la edición del 2 de abril. Ahora es propicio para recalcar esos recuerdos y explayarse en sus relato sobre esas experiencias que vivió en el barco misilístico, y el modo en que se enteró del hundimiento del General Belgrano.

Contó con lujo de detalles qué pasó en ese hundimiento y las pérdidas que tuvo que afrontar tras el fuerte impacto que recibió el crucero.

“El Crucero tenía 180 metros de largo y recibió tres torpedos. Es cierto que se pudo salvar mucha gente porque ese día estaba con mar de fondo, no había cresta en el mar, eran solamente ondas. Los disparos les pega afuera del área de exclusión. Hay que recordar que se había tejido un área de combate y otra fuera de exclusión. El Crucero estaba fuera de esa área, y lo mismo le dieron”, así lo indicó Barrera.

“El submarino era atómico y el torpedo tiene su carga explosiva y un sonar, que emite corta la emisión y clasifica al blanco más grande. Si no lo encuentra, se lo puede programar para hacer la búsqueda elicoidal o cuadrada. El primer impacto fue en el través y otro en la mura. Hay murieron 249 hombres. Entre ellos estaba el riojano Julio César Fuentes, hermano de un comisario de La Rioja, oriundo de Agua Blanca”, recordó Barrera.

Sus ojos brillaron, sus manos comenzaron a tener ciertos movimientos y así fue cómo él recordó sus años vividos con este otro riojano, quien junto con esos 249 hombres se hundieron con el Crucero.

“Con él compartimos muchas cosas. Teníamos gustos similares de nuestra juventud. El se había iniciado cuatro años antes que yo. Pero los dos convivíamos en un mismo departamento. Nos decidimos casarnos con nuestras mujeres. El se casó un 24 de diciembre, yo un 4 de enero. La diferencia que hay de nuestros casamientos, son las diferencias de edades que hay en nuestros hijos. Teníamos muchas cosas en común, pero él se fue junto con ese barco”, dijo con una voz entrecortada, pero que inmediatamente se restableció.

Por su posición jerárquica, estaba en un cuarto de inspecciones, donde se procesaban todos los cálculos de misiles y ataques. En su despacho recibió un escueto informe sobre el hundimiento del General Belgrano. Barrera sabía que su hermano de la vida, Julio Cesar Fuentes estaba arriba de ese barco. Comenzó a temer lo peor, pero aguardaba una luz de esperanza, esperando que pudiese salvarse de esa tragedia.

“Primero fue todo muy cerrado, primero se nos informaba sobre el impacto, luego se fue ampliando. Nos tenían en zozobra, que fue torpedeado, que había náufragos. Se puso un equipo especial para recuperar a los sobrevivientes. Había destructores, helicópteros y aviones para marcar las áreas de los que habían salido en las balsas. Había gente herida y otros que estaban bien, pero para mí no dejaba de ser un trauma el hecho de no poder encontrarlo a él”, comentó Barrera.

Lo buscó en todos los barcos y balsas que llegaban, pero no encontraba su cara entre los sobrevivientes. Esperaba simplemente encontrarlo con vida, no importaba en qué condiciones. “Era casi un hermano para mí, más que un amigo”, agregó Barrera, hablando sobre Julio Cesar Fuentes. “Me hacía la película que estaba vivo, pero él se fue con el barco”, dijo tras una breve pausa en su relato.

En ese relato histórico, Eduardo Barrera también recordó al cantinero que tenía el Crucero. “Era un santiagueño, de apellido Avila. Los cantineros son civiles, y tras el conflicto armado, decidió seguir en el Crucero. Se fue con su hermano. Al momento de ser impactado por los torpedos, el cantinero estaba a salvo, ya había salido para la parte donde podía tirarse a las balsas, pero preguntó por su hermano. Se dirigió adentro y de ahí no salió ninguno de los dos. Se los llevó a los dos hermanos”, expresó con mucha congoja.

“A muchos de los que estaban adentro del Crucero los encontró durmiendo. En el barco todo es explosivo, te podés enganchar con cualquier cosa, porque en este tipo de incendios sufren deformaciones las mamparas, las paredes y las puertas. Al sufrir deformaciones por el combustible, no podés salir. Quedan atrapados y se apaga la luz. Al crucero lo hunden a las 16.20, pero fuera de la zona de exclusión”, recalcó.

Sin poder aunar criterios

NUEVA RIOJA pudo dialogar con ambas partes en conflicto. Primero con el exconvicto Renzo Ormeño, quien en 1982 estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio y que pide reconocimiento por su participación, aunque no fue a las Malvinas. Por el otro lado, también se entrevistó a integrantes del Centro de Veteranos de Guerra “Un sentimiento Argentino”. En ambas entrevistas, la última pregunta fue si se podía establecer algún vínculo de reconciliación entre ambas partes.

Por un lado, Ormeño dio una visión crítica de lo que se comenta a nivel social. “Las posiciones están muy distantes por cuanto las leyes son las que nos dividió. Es muy difícil que nuestros compañeros acepten nuestra participacion en el conflicto. Se cuenta solo una parte de la historia, la del Continente no”, aseveró Ormeño.

En tanto que desde el Centro de Veteranos refrendan el documento firmado a nivel nacional que dice: “El tiempo ha curado, en parte, nuestras heridas, pero vemos como muchos desean encaramarse ante Honores y Beneficios. Rechazamos cualquier intento de igualar la condición de Veterano de Guerra de Malvinas a quienes no se encuentren comprendidos en las actuales leyes”, dijeron.

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