Como si se tratase de una lotería, millones de británicos especulan sobre el atuendo que lucirá Middleton.
La gran mayoría cree que se pondrá un modelo de 1880 que la reina tiene bajo siete llaves.
"¿Qué me pongo?". Kate Middleton ya tiene la respuesta a la pregunta que asedia el ánimo y altera los nervios de una novia en vísperas de boda. Pero millones de inlgeses se han lanzado a la especulación.
Mucho más práctico, y aprovechando que la prensa pasa por un momento de gloria -los diarios y las revistas se agotan apenas aparecen-, el diario The Times llamó a un corcurso organizado por la sección de modas para que sus lectores imaginaran, a mano alzada, el vestido nupcial.
El resultado es un catálogo de figurines que incluyen los arreglos florales y hasta los gestos -de felicidad o de indiferencia- que tendrá quien a partir de mañana entrará por un a puerta de Westminster como hija de vecino y saldrá por la otra como princesa de Gales.
El vestuario de la novia es un asunto nacional del que opinan hasta los nudistas. Por supuesto, no debería tener importancia lo que cualquier mujer se echa encima pero, en el caso de Middleton, su guardarropas ha generado debates ideológicos desde el origen de su relación con William. Los hechos tienen su historia.
En 2007, cuando disfrutaba de una libertad civil que se apagará en pocas horas, la futura miembro del clan Windsor entró a las tiendas Top Shop -una de las más populares de Regent's Street, la avenida de la moda- y compró un vestido por unos pocos dólares.
Fue suficiente que le tomaran una foto para que la versión del vestido se agotara en todos sus talles.
El efecto, en el que los publicistas de la Corona no pudieron no haber reparado, fue un golpe maestro de presentación en sociedad: la prometida del príncipe usaba ropa al alcance de "cualquiera".
Desde entonces, Top Shop se fue para arriba mientras Kate montaba el show de irse "para abajo", mezclarse con el consumo modesto y equipararse a generaciones enteras de mujeres inglesas que soñaron con un príncipe azul.
Con Middleton en la cima del repertorio que anima las charlas en los hogares y los pubs, las figuras públicas, y también las anónimas, no dan abasto para pensar modos de, como quien dice, salir en la foto.
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