22 bancas vacías, los técnicos de sonido, algunos empleados de planta más los 8 diputados del bloque radical formaban parte del desolado panorama el día de ayer en la Legislatura provincial y como si fuera un partido de fútbol del otro lado ya se anticipa la remanida respuesta de: “Nos vota el 70%” como un pagaré en blanco que habilita cualquier enmienda.
Es bueno enumerarlos por orden alfabético para saber de quien se trata, Andraus Silvia Alejandra, Batista Margarita María Inés, Bogado Adrían Floro, Brítez Otilia, Caballero Juán Domingo, Cabrera Armando Felipe, Chávez Rubén, Fernández Patri Gustavo Ramiro, Insfrán Carlos Hugo, Lovey Roberto Omar, Mendoza Ricardo, Milatich Jésica Soledad, Rivarola Blanca Floralia, Román Jorge, Samaniego Agustín, Schiavoni Agustina Roxana, Servín Selso, Taboada Antonio, Vera Rodrigo Emanuel, Vizcaíno Braida Roberto Domingo, Zaragoza Irma Emilia y Zarza Jorge Luis.
Todos ellos forman parte del bloque del PJ pero ayer no apareció ninguno y una nueva sesión en la legislatura provincial fracasó. El bloque de la UCR bajó al recinto y la diputada María Cristina Erico dio por fracasada la reunión legislativa por falta de quorum.
Razones, ninguna, ni siquiera la más mínima excusa. Pero las bancas vacías hablaban por si solas. Hablaban por si solas de la pérdida de valores, de compromiso, de la más absoluta falta de respeto hacia el papel representativo otorgado por el pueblo de cada una de estas personas nombradas que ayer no fue a trabajar.
Partícipes directos del deterioro institucional de la república, no solo funcionando como una escribanía de gobierno o aprobando automáticamente todo lo que viene del Poder Ejecutivo sin debate, sino que también proyectando una imagen de desprecio cívico impune a adultos, jóvenes y niños.
Porque cuando una maestra que no llega a su trabajo porque debe recorrer kilómetros a pie pierde el día de trabajo y porque aquel que debe dejar a su familia todo el día para poder darles mínimanente comida digna, sino trabaja no come, ni él ni sus hijos.
Mientras que estos “señores” que solo deben trabajar un día a la semana, con sueldos con los cuales podrían vivir y comer varias familias, con un pasar económico sin sobresaltos, autos de alta gama, no les importa puesto que no solo son mayoría para obedecer sumisamente cada uno de los envíos del gobierno, sino también para faltar en bloque, anulando el funcionamiento de la legislatura.
Algunos de ellos han pasado décadas como diputados, con la habilidad suficiente para vivir “en estado de gracia” y volver a aparecer en las listas de candidatos cada cuatro años.
Los más jóvenes, anunciados como la renovación, no han demostrado iniciativa alguna, si mayor disciplinamiento y una solidaridad instantánea a la hora de la pereza legislativa en detrimento del trabajo.
Muchos no han presentado un solo proyecto de envergadura en los años de desempeño y su única tarea ha sido levantar la mano.
“Privilegiados” disociados de los problemas de la gente, misma gente a la que han estafado cuando prometieron representarlos. ¿Como lo harían si ni siquiera vienen a trabajar?
Hoy hay problemas en la ciudad, en las localidades del interior y ante la gravedad que implica lisa y llanamente, el vacío de mandato popular de uno de los poderes de la república, librada al arbitrio de personas que hacen lo que quieren bajo el manto de la inmunidad parlamentaria el diagnóstico es terminal. Ya ni siquiera cumplen con el papel formal de rellenar la escenografía de una democracia aparentemente representativa.
22 bancas vacías, los técnicos de sonido, algunos empleados de planta más los 8 diputados del bloque radical formaban parte del desolado panorama el día de ayer en la Legislatura provincial y como si fuera un partido de fútbol del otro lado ya se anticipa la remanida respuesta de: “Nos vota el 70%” como un pagaré en blanco que habilita cualquier enmienda.
Una vergüenza, no por los muchos que ya los conocen, sino por aquellos que dieron su vida para que la democracia fortaleciera cada uno de sus pilares, pilares que hoy están como “una cáscara de tronco hueco”.
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