Veredas rotas: caminar por el centro es casi una carrera con obstáculos

Caminar por el centro de la ciudad puede convertirse en una odisea, sólo basta con dar un paseo por algunas de las calles más transitadas a la hora de hacer compras, como lo son la Belgrano, Rivadavia o Moreno partiendo desde la avenida 25 de Mayo, para comprobar que la mayor parte de las veredas están deterioradas.
En diálogo con La Mañana, algunos peatones expresaron su malestar por el estado en que se encuentran las veredas céntricas. "Los días de lluvia la situación se torna peor, porque al pisar una baldosa floja seguro que ocasiona que el agua que se acumula debajo salga despedida y te moje", aseguró Claudia, quien debe transitar por la zona todos los días para llegar al trabajo.

Como dato estructural, las veredas de la ciudad son anchas y la mayoría está en mal estado de conservación, principalmente en la zona del microcentro. Es por esto que las posibilidades de caminar sin caerse se reducen fuertemente, teniendo en cuenta que muchas veces presentan pozos, baldosas flojas, salidas o rotas. Más aún en los horarios pico, como puede ser el mediodía, los fines de semana, o en las jornadas previas a las fiestas.

Pero si para cualquier persona suele ser complejo, las madres con los cochecitos de bebé, las personas en silla de ruedas, los no videntes y los ancianos constituyen un grupo con dificultades extremas.

Lo cierto es que la ciudad ha ido perdiendo lentamente las condiciones básicas para asegurar un traslado sin sobresaltos de los peatones.

En una recorrida realizada por este diario se encontraron daños en veredas de comercios, bancos, galerías y de hasta la Policía, en calle Saavedra.

Para empeorar la situación, el clima tampoco ayuda. Las lluviosas jornadas de los últimos días impactaron en dos puntos: por un lado aceleraron el deterioro de veredas por el efecto del agua y su acumulación en aquellos lugares donde ya hay roturas; mientras que por el otro hicieron aún más difícil el tránsito porque además de esquivar huecos, los desniveles formaron charcos y las baldosas flojas se convirtieron en trampas certeras para los distraídos.

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