La venta de boletos urbanos cayó un 42% en el último decenio, en comparación con los 80

Empresarios identifican la situación económica, el transporte ilegal y el cambio de hábitos de la gente como factores clave de la crisis. Cazorla advierte que la merma en la venta de viaje coloca al sector en un círculo vicioso. Los gastos fijos y la vulnerabilidad.
La Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (Aetat) no logra aún recuperar los números de los 90, aunque dice que de a poco se alejan del pozo en que cayeron durante el año que marcó el fin de la Convertibilidad. Según el presidente de la entidad, Cristóbal Cazorla, 1992 y 2002 son años que recuerdan, pero el primero marca un pico y el segundo un abismo en materia de venta de boletos. En 1992, se vendieron 113,6 millones de boletos; en 2002, el 40% de esa cifra: 44,8 millones.

Más aún, el promedio anual de ventas durante la década del 80 fue de 99,7 millones de pasajes, mientras que el de la primera década de 2000 cae a 57,7 millones de "viajes". Es decir, la expedición de boletos cayó, comparando una década con otra, un 42.1%.

Cazorla identifica tres factores clave en esta crisis. "El principal motivo fue la situación económica: el usuario del transporte es el ciudadano de menores recursos. Entonces, frente a una situación adversa, reduce sus viajes a lo estrictamente necesario", puntualizó, en primer lugar.

En segundo término, la condición económica trajo aparejada lo que el empresario entiende como otro motivo de la caída de ventas de boletos: "ahí se comenzó a dar un gradual crecimiento del transporte ilegal".

En tercer término, señaló que la fluctuación en la economía hace que la gente cambie de hábitos. "Si su situación está mejor, usa más el automóvil; y si es muy mala, recurre a la moto a a la bicicleta", argumentó.

Según el empresario, la caída que comienza a darse después de 1992 impactó fuerte en el servicio de ómnibus. "En el análisis de costos, el transporte tiene una característica particular, que lo hace endeble ante cualquier oscilación de la demanda de pasajes: en su mayoría, los costos son fijos; cuesta lo mismo mover un coche con 100 pasajeros que con uno", dijo. En ese sentido, explicó que se ingresa en un círculo vicioso: ante la escasez de pasajeros el servicio se deteriora, no hay dinero para mejorar las unidades y el pasajero que viajaba deja de hacerlo, lo que acentúa el problema. "Si el servicio es bueno, atrae pasajeros; si es malo, los expulsa", precisó.

Contra los "avivados"

El intendente de la capital, Domingo Amaya, consignó en la edición del jueves de LA GACETA que el transporte urbano de pasajeros en la ciudad vende 70 millones de boletos al año. Y se mostró confiado en que el sistema de tarjetas inteligentes incrementará la cifra. "Contribuirá a que los viajes asciendan a 100 millones", había afirmado.

Cazorla no está de acuerdo. "Tememos que se dé a la inversa; al usarse una tarjeta sin que sea necesario el contacto con la máquina, y al no entregarse ningún comprobante, se vuelve más difícil controlar al ’avivado’ que busca evadir el pago. Por eso considerábamos importante que sí se emitiera un tique", puntualizó el empresario. De todos modos, anheló equivocarse: "ojalá el intendente tenga razón y nosotros estemos equivocados; si se vende más, eso impactará favorablemente en los costos".

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