Por: Ricardo KirschbaumEl Gobierno está mostrando que le importan más sus urgencias que el debate parlamentario sobre la ley de medios. Los legisladores kirchneristas, más veloces que el atleta Usain Bolt, quieren que todo se resuelva en muy poco tiempo.
El apuro parlamentario lo ratificó Kirchner en La Plata. Antes, no quería reuniones de prensa. Ahora, siempre rodeado de adictos proactivos, ofrece monólogos en los que contesta lo que quiere, descalifica a quienes lo interrogan e ironiza sobre la intención que tienen las preguntas.
Esta subestimación del papel de los periodistas revela, claramente, cuál es la verdadera opinión del ex presidente sobre el trabajo de la prensa, porque está convencido de que los periodistas actúan como él obliga a sus subordinados que lo hagan. Cuando describe esas conductas erróneas, Kirchner no hace más que describirse a sí mismo con transparencia. Esa práctica maniquea es su método de ordenamiento de la realidad. Esto no es nuevo. Pero cada vez desnuda más su intención de crear tensiones extremas para intentar yugular la pérdida de su capital político.
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