Integrantes de dos familias cruzaron balazos por viejos problemas.
Dos familias enemistadas del barrio Confluencia volvieron a cruzar disparos de armas de fuego a plena luz del día, en un intento por zanjar viejas disputas que incluyen robos y asesinatos. En el medio, otros vecinos se quejan por la inseguridad y denuncian pasividad policial para enfrentar el problema.
Ayer por la tarde, los disparos volvieron a adueñarse del barrio, y de milagro, según detallaron fuentes policiales, no se registraron personas heridas.
Roxana, una vecina del barrio, denunció ante los micrófonos de LU5 que en la tarde del domingo se produjeron varios intercambios de disparos entre Diego Oyarzo y Claudio Morales. “Fue a plena luz del día y a la vista de todos”, agregó, indignada, la mujer.
En su relato contó que concurrió a la Comisaría 19 para denunciar el hecho. “No me la quisieron tomar, no tuve ninguna respuesta”, dijo. Y agregó: “Si no vas con un tiro en la cabeza no hacen nada”. Por ese motivo, anticipó que radicará una denuncia en la fiscalía.
El conflicto entre las dos familias había cesado por unos meses, pero Oyarzo, que purgaba una condena en la U11, salió en libertad condicional el 26 de noviembre pasado y el enfrentamiento se reinstaló en las calles del barrio.
Ambas familias registran antecedentes de violentos enfrentamientos, el último ocurrido el 29 de agosto del año pasado cuando Segundo Oyarzo Lara fue asesinado de un escopetazo en la cabeza. Fue el tercer crimen de ese año en enfrentamientos entre esas dos familias.
Venganza
Segundo era el padre de Diego, que desde aquel entonces buscaba vengar el homicidio. La cadena de homicidios violentos que se desató entre Morales y Oyarzo Lara en 2013 incluyó las muertes de Miguel Vilugrón, el 16 de marzo, y José “Tati” Morales, el 2 de junio, según fuentes consultadas.
Por eso, Diego Oyarzo Lara no vive en el barrio Confluencia, por razones de seguridad personal. “Pero cada tanto viene y hay quilombo con los Morales, que le balean la casa a la familia (Lozano) en represalia”, confió una fuente policial.
El otro problema que existe con los furiosos enfrentamientos propios del Lejano Oeste es que “nadie quiere firmar una denuncia ni ser testigo por temor a represalias”, agregó un investigador de la Policía neuquina.
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