Vecinos de la Terminal piden mayores controles en la plaza

Vecinos de la Terminal piden mayores controles en la plaza
Se trata de un espacio público bien cuidado y asiduamente visitado de día, pero aducen que de noche es “zona liberada”. Denuncian que hay explotación de menores, robos y venta de drogas.

La terminal de ómnibus de Paraná funciona las 24 horas. Siempre es punto de partida o de llegada, es espacio de despedidas y bienvenidas, confluencia de gente que se acerca o que se aleja. Todo el tiempo se escucha el rugir de los motores de los grandes colectivos que recolectan personas y sueños, y el ruido se mezcla con las voces de quienes transitan por el lugar. El bullir diurno se conglomera con lo que pasa en la plaza aledaña, bautizada Martín Fierro, un espacio público bien cuidado y que alberga bajo el sol a muchos que esperan el horario de su viaje.

Sin embargo, el paisaje ameno que se presenta de día muta sustancialmente al caer la noche. Cuando las sombras ganan la pulseada son pocos los que se animan a transitar por el lugar, ni siquiera con el aval de los faroles dispuestos en el predio.

Los vecinos atinan a cerrar las persianas, temerosos de quienes se adueñan del sitio, protegidos por la penumbra y otras complicidades. La mayoría no quiere hablar del tema. Los pocos que lo hacen aceptan dar su testimonio a partir del anonimato: “Hay gente muy pesada que a la noche viene a la plaza a vender o a consumir droga; y también hay quienes llegan desde Santa Fe a regentear mujeres. Los que vivimos acá tenemos miedo”, comenta uno de los habitantes de la zona. Coinciden en que esporádicamente pasan los patrulleros pero se hacen pocos controles. Y si bien en la madrugada del sábado la Policía rescató a una joven santafesina menor de edad que era prostituida y se detuvo al proxeneta que estaba con ella y que tenía pedido de captura en su provincia, descreen que con este hecho puntual se desbarate la delincuencia que presuntamente opera en el lugar.

“Actúan con total impunidad. Esto es una zona liberada. Desde que cerraron los prostíbulos en Entre Ríos y en Santa Fe la situación se agravó en esta plaza. La prostitución no es delito, pero el hecho es que además de las mujeres que trabajan por su cuenta ofreciendo sexo en la vía pública, proliferó la explotación sexual de menores, que sí es ilegal”, señaló a UNO otro de los residentes de las cuadras aledañas, quien dijo además: “Sabemos que esto es solo una pantalla, que detrás de la explotación sexual hay otro tipo de negocios turbios”.

Otras dos mujeres miran de reojo y con desconfianza. Una aduce que se acuesta temprano, antes de la medianoche, y que hasta esa hora el barrio es tranquilo. Pero cuando la otra admite que desde hace un tiempo hay conflictos en la plaza, ambas concuerdan en que debe haber más iluminación y más controles.

Cuentan que en el lugar no hay comisión vecinal y que entre los moradores del barrio no se juntan para reclamar más seguridad. “Nosotras no nos metemos”, aseguran convencidas, en un supuesto contexto que se denuncia, por lo bajo, como un entorno del hampa.

Trata de personas

En su edición de ayer, Diario UNO dio cuenta de que el Personal de la División Trata de Personas detuvo en la madrugada del viernes a un santafesino de 20 años en las inmediaciones de la terminal, quien quedó involucrado en una causa por Facilitación de la prostitución.

El muchacho intentó evitar la identificación de una adolescente de 17 años que se encontraba en la zona de la Terminal vieja ofreciendo sexo en la calle.

La menor no pudo dar mayores datos de su actividad, pero frente a los indicios, el personal de Investigaciones profundizó el control llegando a ubicar al joven que “cuidaba” a la santafesina en el ofrecimiento sexual, quien fue contenida por el Copnaf.

Muchos no van porque los arrebatos son una constante

Uno de los vecinos de la terminal de ómnibus afirmó que en la plaza Martín Fierro se registra una ola de robos, pero muchas veces no son denunciados. “Hay aprietes. Vos pasás caminando y te manotean lo que llevás. Y hasta que viene la Policía, deciden no hacer la denuncia. El patrullero anda pero pasa de largo”.

Damián, un paranaense que frecuenta el lugar, contó a UNO: “A mí me asaltaron una vez en esa plaza. De noche es alcohol, droga y prostitución, y casi todos saben eso. Yo ando seguido porque voy a llevar una sobrina a la terminal o a buscarla cuando va a estudiar”.

Otros pasajeros que esperan tomar un colectivo expresan que evitan cruzar por allí al anochecer “por la poca iluminación que hay”.

Piden presencia policial

El vecino que solo habla sin dar su nombre porque teme represalias aseguró que “habría que hacer una denuncia a fondo y que se dé una solución a esto; vivimos con miedo y nadie se anima a dar la cara, porque muchos de los que frecuentan la plaza después de la medianoche andan armados”.

“Yo no pido esto por mi propio bien, sino por el de toda la gente que vive acá y el de los comerciantes, que tienen que cerrar temprano para que no les pase nada”, agregó, y aseveró que “también están metidos taxistas y maleteros, y quienes administran la terminal lo saben”.

Otra de las mujeres que vive en la zona añadió que “siempre hubo personas que venían desde Santa Fe a ejercer la prostitución, pero ahora se ven muchas menores y muchos cafiolos”. Acto seguido sostuvo: “Hay arrebatos, es común que haya robos y hay droga. En una terminal de ómnibus confluye mucha gente y llama la atención que en la plaza no haya una garita con un policía permanente custodiando, sobre todo después de medianoche, cuando todos saben lo que pasa en este lugar”.

Nadie se quiere meter porque tienen miedo

En la plaza confluye gente de todas las edades: chicos que corren y disfrutan de los juegos, parejas que comparten arrumacos, amigos que toman mate o estudiantes que se tienden en el pasto a repasar sus apuntes mientras esperan el colectivo que los llevará a su lugar de origen.

Pero al caer la noche, las penumbras transforman el panorama en una “tierra de nadie”, como definen los vecinos. Y este concepto abarca no solo a las supuestas connivencias que existen en algunos segmentos. “La gente que vive acá tampoco se quiere meter, porque existe un peligro real y se sienten amenazados. Si hay una complicidad política, judicial y policial, como suponemos que hay, es más difícil poder denunciar con nombre y apellido”, señaló una comerciante del lugar.

Asimismo, comentó: “Los vecinos ven cuando un proxeneta golpea a una chica menor de edad a la que está obligando a prostituirse, pero cuando llaman a la Policía, el patrullero demora en venir. Y si hay algún agente que quiere hacer algo, sabe que tiene las manos atadas y que le pueden hacer un sumario si interfiere en ciertos asuntos. Ellos resguardan su puesto de trabajo y la gente se cuida. Pero ese hecho de no meterse es el que más daño nos hace como sociedad”.

Esta complicidad aleatoria que suscitan los silencios de quienes son presa del miedo corroe los lazos solidarios, el respeto por las normas y hasta por la vida del prójimo. “Siento impotencia cuando alguien ve menores trabajando, explotados por un adulto o por su propia madre; o cuando hay violaciones, y si bien algunas personas hacen algo para que eso no suceda, como pegar un grito al menos, la gente no se involucra. Te están arrebatando algo y se quedan mirando, sin inmutarse”, manifestó, y sostuvo que “es un mal de esta época y no pasa solo en la terminal, ya que muchos no denuncian porque después hay que ir a declarar y piensan que les puede pasar algo”.

“Hay que erradicar las excusas que nos impiden hacerlo, pero para eso necesitamos que nuestros gobernantes nos den garantías. Nadie como vecino quiere vivir sabiendo que no puede salir a sentarse a la vereda porque hay gente armada, porque hay una zona liberada donde se vende droga, donde ven chicas que las están regenteando”, concluyó.

Comentá la nota