Los vecinos se sienten rehenes de la delincuencia

Aseguran que los tiroteos siguen siendo frecuentes por la noche y afirman que en el sector todos saben quiénes son.
Los residentes del barrio Saladero tienen varias preocupaciones, aunque una sobresale: son rehenes de los delitos que cometen varios de sus propios vecinos, a los que conocen perfectamente y con quienes están obligados a convivir.

Así lo contó la titular de la sociedad de fomento, Marcela Morales, quien confesó que en reiteradas ocasiones quedan expuestos a tiroteos y que cada vez que colocan luminarias en algún punto del barrio los delincuentes se encargan de romperlas para que siga reinando la oscuridad.

"Desde que comenzaron las reuniones barriales para tratar el tema no hemos tenido soluciones, incluso esperábamos que luego de lo ocurrido con Nicolás Bazán -un chico de 14 años baleado por policías de civil en un confuso episodio ocurrido en agosto último-- se tomara cartas en el asunto, pero hasta el momento no hemos tenido soluciones y todo sigue igual".

El modus operandi de los delincuentes, que según los vecinos son adolescentes, es el siguiente: se ubican a metros de la vía ubicada en la ruta 252, entre el Guanaco y el propio barrio Saladero, esperando el paso de camiones o algún otro vehículo y cuando frenan para atravesar el precario paso a nivel, les arrojan piedras o, lo más increíble de todo, se trepan a los vehículos, les rompen los candados y tratan de robar las cargas que transportan.

De esa manera, días atrás, robaron un buzo antiflama y un casco al piloto de Turismo Carretera, Franco De Benedictis, quien por medio de una red social dio a conocer la pérdida, valuada en unos 50.000 pesos. El bolso con los objetos desapareció de la caja de la camioneta en la que viajaban hacia el sur, justo cuando redujeron la velocidad para pasar por el cruce ferroviario.

"Así es como se producen muchos robos, cuando los camioneros o automovilistas deben frenar en las vías, algunos oportunistas aprovechan para delinquir. Es gente del barrio, sabemos quiénes son, qué hacen, pero por el miedo que genera convivir con ellos, el resto de los vecinos no se quieren exponer. Hace poco más de una semana el municipio colocó una luminaria en una esquina y duró menos de 12 horas. La rompieron para que el lugar continúe siendo una boca de lobo. Necesitamos que actúe la Justicia o la Policía", expresó Morales.

--¿Han planteado el problema a las autoridades?

--Sí, solicitamos la colocación de una garita policial con vigilancia las 24 horas, pero hasta el momento no tuvimos respuesta. Pensábamos que luego de la desgracia que ocurrió con Nicolás Bazán podría llegar a cambiar algo, pero lamentablemente todo sigue igual, ya no sabemos qué más hacer.

--¿El problema es que también se estigmatiza al barrio?

-Dañan la imagen de quienes vivimos toda la vida acá. Y no sólo eso, sino que muchas veces quedamos expuestos a los tiroteos. Yo tengo hijos adolescentes y siempre estoy preocupada por ellos. Ojalá que alguien nos escuche, son situaciones preocupantes. La gente humilde, de bien, que vive en este lugar, queda expuesta a recibir un tiro. Somos rehenes en nuestro propio barrio.

Demandas

--¿Qué necesita el barrio?

--Una de las principales preocupaciones es la falta de calles asfaltadas, el único pavimento que conocemos es el de la ruta 3. De todos modos lo indispensable sería lograr la pavimentación de algunas cuadras del Bulevar Juan B. Justo, que es por donde ingresa la línea 500, porque cuando llueve no lo puede hacer y los vecinos se quedan sin el servicio o deben caminar hasta la ruta para poder abordarlo, por las calles embarradas.

-¿Hay algún hecho positivo para marcar?

--Sin lugar a dudas la obra para proveer de gas al barrio, que era un reclamo que comenzó hace unos 20 años y en estos momentos está casi finalizada. La última novedad fue que faltaban algunas firmas y luego se podrán hacer las conexiones particulares. Esperamos que antes de fin de año se concluya.

A Griselda le tocó de muy cerca

Si existe una persona en el barrio con razones suficientes para quejarse de la inseguridad es Griselda Bazán, tía de Nicolás, que todavía recuerda el día en que se enteró que el adolescente, al salir a la calle desde la casa de su abuelo, había recibido un disparo por parte de policías de civil a pocos centímetros del corazón.

"El barrio es muy inseguro. Da miedo andar por las calles y mucho más cuando es de noche. Los que delinquen son chicos con adicciones a la droga, a quienes todos los vecinos conocemos, pero parece que las familias no los pueden contener", dijo.

Agregó que si bien viven en la zona de quintas, es frecuente escuchar los disparos de armas de fuego provenientes del Saladero.

"Cuando oscurece, no podés andar, y si lo hacés te expones a recibir un tiro. Durante el día intentan robar a los camiones que pasan por El Guanaco, se cuelgan de las cajas para sacarles lo que llevan", confirmó.

Por último sostuvo que espera que las cosas cambien porque, lo que sucedió con Nico, no se lo desea a nadie.

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