La comunidad vecinal del barrio Montecristo, en la zona sur de la ciudad capital, piden ayuda a las autoridades de Gobierno y a la sociedad para poder tener una rutina más llevadera, ya que actualmente la gran mayoría vive con familia numerosa en ranchos improvisados sin comodidades y sin poder contar con buena higiene que contribuya a la salud de los niños y adultos en general. Al respecto, algunos de los vecinos comentaron a LA UNION, que las calles no están en buen estado, por lo que cada vez se hace más complicado transitar, no cuentan además con el servicio de agua potable porque la red no está instalada.
Asimismo dijeron que no cuentan con baños, ni con red de cloacas, por lo que debieron improvisar pozos que, “en cuanto se llenan, constituyen otro problema que tenemos que padecer, sino utilizamos el campo para nuestras necesidades”. De igual manera, comentaron que para ducharse utilizan algunos tachos plásticos con los cuales acarrean agua.
La realidad que manifiesta Eugenia Agüero al dialogar con LA UNION, es insufrible. Se trata de una madre de tres niños menores de edad y sin trabajo, con la necesidad imperiosa de alimentar día tras día a sus hijos. Es una madre soltera que vive de la ayuda de personas solidarias que conocen su realidad. Su casa es precaria, cuenta con paredes de cartón y nylon, que en los días ventosos se desacomodan y deben ser colocados nuevamente para dar forma a su rancho.
Por otro lado, la realidad de Ramona Oliva, también vecina del barrio Montecristo, es similar. La mujer cuenta que es una abuela joven de 47 años, quien se hizo cargo de sus cuatro nietos y siente plenamente el compromiso de educarlos y mantenerlos todos los días y, al igual que María Eugenia, no cuenta con ingreso económico alguno, pero diariamente destina su tiempo a la elaboración de pan casero para la venta y con ese mínimo ingreso logra costear gastos que demandan la escuela de los niños. Su casa también es precaria, en su caso, la vivienda está construida con chapas de zinc que, a la vista, se muestran viejas y oxidadas.
Al margen del Río del Valle
En inmediaciones del Río del Valle se observa un transparente panorama de quince familias, las que también padecen serias necesidades, ya que habitan en ranchos muy precarios. Muchos niños se encuentran descalzos, y varios de ellos al páramo.
Los vecinos piden ayuda a las autoridades del municipio y del Gobierno provincial para solventar sus necesidades básicas de buena alimentación, salud y cuidado familiar.
Quejas
Por otro lado, los vecinos reclamaron fuertemente la falta de asistencia del concejal del circuito 5. “No conocemos al concejal porque llegó solamente en épocas de elecciones, después de eso nunca más volvió. No soportamos más vivir constantemente con todas las necesidades, se nos hace cada vez más difícil”, concluyeron.
Más falencias
La realidad se manifiesta en la calle Armando Correa, por donde los vecinos circulan comúnmente y con dificultades, ya que el barro diario que se forma a lo largo de la calle dificulta el libre paso.
Por otra parte, hicieron referencia a la falta de iluminación en la zona desde hace muchos años, aunque durante el día también es insegura, sobre todo es por las noches cuando el sector se convierte en una “boca de lobo”.
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