Vecinos de 180 y Alvarado cansados de los asaltos se arman: o se defienden o cierran sus negocios

Vecinos de 180 y Alvarado cansados de los asaltos se arman: o se defienden o cierran sus negocios
Trabajadores de la cuadra de Alvarado al 7.300 recibieron a “el Retrato…” luego de los últimos robos que azotaron a la zona. Afirman que la presencia policial es casi nula y que, por miedo, eligen a quién atender. “Hay que sufrirlo en carne propia para luego hablar. Está brava la mano”, afirmaron. Anunciaron que se armarán para defendrese o deberán cerrar sus negocios
Están hartos, cansados, hasta vencidos. Los sucesivos robos, a cualquier hora del día, los pusieron en una situación indeseable. Atienden y viven con miedo. Quieren soluciones. Trabajar y dormir en paz. Así se expresó un grupo de comerciantes de Alvarado al 7.300, quienes accedieron a dialogar con “el Retrato…” luego de un llamada telefónico que alertó sobre la ola de inseguridad que padece la zona.

“No quiero mentir, pero los robos suceden a cada rato. Esto parece una locura. A mí me robaron el lunes y el martes”, deslizó con exacerbada impotencia Alberto Acosta, propietario de un comercio de la cuadra, por más que se identifique como la Heladería Los Abuelos, “nuestro verdadero fuerte”, según dijo.

Hace 13 años que, junto a su esposa Norma, abrieron sus puertas al público y nunca dejaron de trabajar sin las rejas que divide el espacio para los clientes y el lugar donde se mueven para atender. Lo más parecido a una cárcel, por más que suene fuerte y hasta indignante. Pero así “viven”. Atemorizados. Impotentes.

Si fuera por él “hoy (miércoles) mismo cerraba las puertas. Pero saqué fuerzas y abrí, por mi familia”. En la misma sintonía se expresó Claudia Sánchez, de la peluquería ubicada a escasos metros, que entonó: “Hace un mes estuve en Córdoba y me gustaría irme a vivir ahí. Cerraría la peluquería y me iría”.

Adentrado en los últimos dos asaltos que vivió en carne propia, Alberto acotó que “los delincuentes tendrán entre 22 y 25 años, no más que eso, y se movilizaban en moto”, antes de contextualizar que “aparecieron a las 10:45. Entraron después de un cliente, le apuntaron a mi hija y se llevaron dinero. Pero tenían todo controlado. Como trabajamos con Ripsa, sabían que manejábamos dinero importante. Incluso, le dijeron: ‘dame la plata que tenés ahí abajo’. Es más, a uno de ellos lo conozco. Es cliente del local. Sabemos todo de él. Pero si se lo decimos a la Policía, al otro día nos rompen todo”.

Después de señalar que, igualmente, hicieron la denuncia “aunque no dimos nombres”, Alberto manifestó que “el lunes nos robaron unos 2.000 pesos”, mientras que el martes “nos entraron a robar a eso de las 19. Pero no sabemos cómo entraron cuatro tipos encapuchados, con un revólver cada uno. Encima, la puerta no estaba violentada. Eso sí, me rompieron, supongo de una patada, todo el mostrador. Se llevaron únicamente el dinero que había en la caja”.

Después de recodar, por arriba, antiguos asaltos sufridos, entre ellos uno al momento de culminar el día laborable y otro que, los delincuentes, ingresaron por la terraza del comercio, Alberto se mostró más que preocupado por lo “complicado” que se puso la zona en materia de inseguridad. Dicho sea de paso, le dio pie a Claudia, que también trabaja “asustada” y con “miedo”.

“Trabajo con la puerta cerrada. Y si no fuera porque yo decido a quién abrirle la puerta, los delincuentes se meterían constantemente. Con la excusa de cortarse el pelo, intentan ingresar al local. Y como no es una peluquería para hombres, se van. Pero no tengo dudas: la mayoría de las veces que pasa esta situación, en realidad es para intentar robarme”, expresó la vecina.

Tras acotar que “sólo me robaron una vez en cuatro años”, desde que llegó al barrio proveniente del centro, mencionó que “la zona se puso muy comercial en el último tiempo. Al principio, estábamos con Alberto y la bicicletería de enfrente. Ahora, todos sufrimos la inseguridad”.

“La chica de acá al lado – acotó Alberto – en alusión a la propietaria de la peluquería canina, “fue asaltada la semana pasada. Y siempre se movilizan en moto”. Después de citar un detalle no menor, el comerciante se introdujo en un tema candente para la actualidad marplatense: la presencia (o no) de las fuerzas policiales en los barrios periféricos de la ciudad. “Recién el martes por fin vimos un patrullero”, contextualizó.

En un sentido más amplio, antes de que “el Retrato…” pudiera terminar su pregunta, fue tajante al enfatizar que “las medidas que fueron anunciadas en las últimas horas no serán solución para nosotros, porque acá no llegarán más policías. Pero en ningún barrio pasará. Es mentira lo que dicen. ¿Sabés dónde están apostados todos? En la 39. Y claro, también en el centro, en Güemes y demás. ¿Acá? Ni por asomo”.

En ese marco, también se mostraron preocupados por los asentamientos ubicados en cercanías del barrio: “Gascón entre 184 y 186, es uno complicado. ‘La Palangana’ también tiene lo suyo. Y el tercero está en Avellaneda entre 172 y 174”.

Ante la ola de robos, Claudia adelantó que “comenzaremos a comunicarnos entre nosotros. Tenemos en mente instalar botones antipánico. O poner vigilancia privada”. “Quiero saber si la cámara de seguridad que tenemos en la esquina funciona”, interrumpió con criterio Alberto. “Ya que el Intendente dijo que cualquier vecino puede ver si andan o no. Quiero creer que funciona y que, al menos, algunos de ellos fueron tomados”, añadió.

Sobre el final, casi que desesperados, Norma afirmó que “estamos presos de nuestro propio trabajo. No salimos de nuestras casas por miedo. Es más, no limpiamos ni nuestras veredas. No exageramos, tenemos miedo de que nos roben. Hace un tiempo, lavábamos la vereda de noche. Eso sí, mi marido o yo con un revólver en la mano”.

“Es una locura, lo sabemos, pero es nuestra vida”, reflexionó Claudia. “Hay que sufrirlo en carne propia para luego hablar. Está brava la mano”, tiró Alberto. “Siempre defenderemos a nuestras familias”, culminaron.Por último hicieron saber que algunos comerciantes "se han armado. Acá no nos queda otra: o nos defendemos o tenemos que cerrar las puertas de nuestros comercios

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