Ambientalistas anticipan que las enfermedades tropicales, como dengue y leishmaniasis, cada vez serán más comunes en la provincia y afectarán a los sectores carecientes.
Al realizar un análisis de cómo se desarrollará la situación ambiental en la provincia, Soria anticipó a EL LIBERAL: “Al cambio climático hay que sumarle en Santiago la creciente producción de soja lo que producirá alteración de la humedad en la región, y ello tendrá implicancias enormes en el campesinado santiagueño”.
Para agregar a este cuadro de situación, el especialista indicó que los santiagueños, tanto del campo como de la ciudad, “sufrirán la falta de agua y energía debido a diversos eventos climáticos”.
Consideró, asimismo, que en los centros urbanos, “los sectores más empobrecidos serán los más afectados: habrán más eventos meteorológicos extremos, como tormentas e inundaciones, y su impacto será aún mayor en los asentamientos irregulares, como villas miserias o parajes de ranchos”.
En declaraciones a este diario, añadió: “Asimismo, nos topamos con enfermedades tropicales, que cada vez serán más comunes y afectarán particularmente a los pobres: de hecho, el dengue y la leishmaniasis ya están en la provincia, y han llegado para quedarse”.
En el campo
También estimó Soria que en el campo “los pequeños productores y el campesinado en general se verán amenazados por una mayor presión por parte de grupos ilegales, ya que las proyecciones científicas señalan que en Santiago habrán condiciones aún más aptas para la producción de la soja, debido a un aumento de la humedad promedio en la región, fenómeno generado también por el cambio climático”.
Ante este panorama, Soria advirtió que las organizaciones sociales santiagueñas “deben ser conscientes que éste es un problema local y global”.
Al respecto, presupone que se necesita de una visión amplia para actuar en el corto, mediano y largo plazo, “enfocándose principalmente en dos frentes: en lo local, pensar creativamente en diversas estrategias de mitigación frente a los impactos del cambio climático; y en lo global, presionar para que hayan fondos que permitan a los gobiernos hacer posible acciones de mitigación”.
Señaló que el desarrollo de estrategias para mitigar el impacto del cambio climático “es una tarea compleja y no debe quedar sólo en manos de los gobiernos: los movimientos sociales deben estar bien alertas, capacitarse y formular estrategias en las políticas públicas y la legislación local”.
Gran desafío
En lo concerniente a las ciudades, observó Soria que el gran desafío “será entender al cambio climático no sólo como un problema ambiental, sino como una amenaza humanitaria, en especial en los sectores sociales excluidos”.
En este punto, remarcó: “Se debe trabajar aÚn más en los esfuerzos de los sectores empobrecidos para acceder a alimentos sanos, viviendas dignas y servicios de agua y energía accesibles; también se deberán promover actividades económicas limpias y sustentables, que aseguren fuentes de trabajo dignas y modernas”.
En este aspecto, destacó que “existen en la provincia profesionales y organizaciones sociales que cuentan con experiencia y visión para combatir la pobreza; se debería, entonces, poder articular soluciones entre todos los sectores porque los desastres naturales, y esto lo hemos visto claramente en Haití, demuestran que los pobres son la población más expuesta”.
También propuso Soria que a escala global, “debemos sumarnos a cientos de miles de organizaciones sociales que hoy están luchando por un acuerdo climático justo, ambicioso y vinculante. Todavía somos optimistas y mantenemos la esperanza, incluso frente al desastroso resultado de Copenhague”.
Finalizó: “Esto no es mágico y la esperanza debe sacarnos de la actitud de la espera de un milagro a una fuerte movilización para que existan cambios, a trabajar duro para hacer nuestra influencia más eficiente en las discusiones intergubernamentales.
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