Por: Ricardo KirschbaumEl apriete forma parte de la cultura política argentina desde hace muchísimo tiempo. Esa conducta autoritaria ya es asumida como algo tan común que hasta las reacciones a esa metodología fascista parecen una rareza. Peor aún: las explicaciones de esos actos intentando justificarla son cortinas de humo que esconden una coincidencia profunda con esos métodos.
El escandaloso cerco con cerca de 150 camiones de las plantas de Clarín y La Nación ha sido una de las peores agresiones que han sufrido los diarios desde la vuelta de la democracia.
Esto no preocupa al Gobierno. Ha dejado hacer y ha facilitado, por su pasividad, que esa intimidación y amenaza se desarrollen con impunidad. El apriete es una táctica que el Gobierno alienta. Moreno y Moyano han sido didácticos sobre qué les espera a quienes resistan la presión oficial.
La cálida y conmovedora muestra de solidaridad de los lectores con los diarios fue la contracara de esa obscena muestra de poder. Esa lealtad enseña que la defensa de valores es más fuerte que las patotas con protección oficial.
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