Desde los viernes a la tarde hasta los lunes el ingreso de colectivos de Patagonia Argentina está limitado en ese barrio vecino a Laprida. La empresa argumenta que es por los ataques que se registran contra las unidades en esos días. Sin embargo, esto genera diversos inconvenientes para aquellos vecinos de avanzada edad que viven lejos del ingreso y que deben cargar con bultos hasta sus viviendas.
Esta vez los damnificados son los vecinos de Valle C, quienes hace alrededor un año tuvieron que acostumbrase a que el transporte urbano de pasajeros sólo pase por el ingreso del barrio cada fin de semana.
Cansados de caminar varias cuadras, cuando el barro llega alto y las bolsas pesan de más, un vecino hizo público su reclamo. De esta forma, Diario Patagónico se acercó al sector para conocer de cerca la problemática.
Al borde de la ruta, cerca de las 16:20, cuando el transporte debía pasar por el sector, se encontraba Estela Herrera, una mujer que habita en el sector conocido como 66 Viviendas. La mujer, hace 10 meses realizó un reclamo para que el colectivo ingrese siempre al barrio y también a ese sector nuevo construido bajo un plan habitacional.
“El colectivo el viernes a la tarde deja de pasar, y nosotros queríamos pedir que entre al barrio nuevo. El problema es que los chicos le tiran piedras desde la cancha. Yo presenté una nota porque queda lejos la parada de colectivos y todos los días vengo como a las seis de la mañana y aparte está oscuro”, explicó.
Estela realizó el pedido el 17 de enero de 2013 en el municipio, pero nunca obtuvo respuesta. En su cartera la mujer lleva doblado en tres partes el viejo papel que certifica su reclamo. Sin embargo, duda que sea atendido.
Según pudo averiguar este diario, el transporte realiza su último ingreso los viernes a las 18. Luego hasta el lunes no vuelve a ingresar por temor de los choferes a ser apedreados como le pasó el domingo 7 de octubre 2012 al interno 21.
AL BORDE DE LA RUTA
Las distancias son el principal obstáculo para los vecinos. Valle C se encuentra a unos siete kilómetros del centro y por lo menos a 2 kilómetros de Laprida, uno de sus barrios vecinos.
El recorrido de una unidad suele tardar una hora y media, por esta razón, cada 20 minutos en horario escolar, y cada 30 minutos el resto del día pasa una unidad por las desoladas paradas que se encuentran al borde del camino interurbano.
La situación preocupa, y pese a contar con sólo tres paradas dentro del sector, se entiende la protección hacia los choferes de colectivo y los mismos pasajeros, al igual que el reclamo de los vecinos, ya que a las distancias se suman los escasos comercios que hay en el sector.
“Cuando no viene el colectivo hay que ir directamente a la ruta. A mí mucho no me hace, pero hay gente que vive en el medio del barrio o más allá y sí les afecta. Yo veo a las abuelitas con bolsas cargadas y a ellas si las complica”, explicó Claudia, otra vecina que esperaba el colectivo para viajar hasta Laprida.
Desde Patagonia Argentina explican que ellos hacen lo que pueden, incluso afirman que ingresan casi a diario, desde que se decidió elevar un reclamo al Municipio y a las instituciones involucradas. “Entramos siempre, pero cuando la policía avisa que está medio peligroso no vamos. Siempre le avisamos a los de Transporte, vamos viendo cómo está la situación. Son los mismos pibes del barrio, es un recorrido que hacemos hace 40 años, no es que no queremos hacerlo”, remarcó Alejo Panasiuk, coordinador de horarios de la empresa, quien asegura que los ataque contra el transporte también suelen ser moneda corriente también en otros barrios de la ciudad.
En tanto desde el club Oeste Juniors, del que serían hinchas quienes atacan las unidades, entienden la postura de la empresa y aseguran que la problemática escapa a su injerencia ya que los atacantes se escudan en su supuesto amor a una camiseta de fútbol para cometer vandalismo. “La función nuestra es contener, dentro de la cancha lo podemos hacer, por eso pagamos personal policial”, explicó Jorge Alzaga, dirigente del club.
“Pero la rivalidad existió siempre con Laprida. Esto de que el colectivo no quiere pasar perjudica a los vecinos, incluso a mis hijos. Esto es más bien una rivalidad vecinal y nosotros somos partícipes de esto, por eso tendríamos que unirnos todas las instituciones para tratar de solucionar el problema, porque los pibes no saben comportarse”, agregó el vecino y dirigente, esperando que se pueda avanzar en una solución.
Comentá la nota