Suele suceder que las buenas intenciones no sean interpretadas en todo su valor por sus destinatarios, y que la acogida que ellas reciben sea áspera y de rechazo. Es inusual, pero sucede.
Enterado de los muchos conflictos sociales que padecen los habitantes de San Ramón de la Nueva Orán, resolvió el gobernador contribuir a aliviar las penurias de los oranenses u oraneses, como prefieren los puristas del idioma, siempre poniendo palos en la rueda, como se queja Cristina.
Y tuvo la brillante y ambiciosa idea de hacer histórica su contribución. Consistió ella en inaugurar, de cuerpo presente, una fuente de aguas danzantes, nada más ni nada menos!
Fuerte decisión pues, habrá pensado, ante la belleza y colorido de las aguas haciendo pasos de ballet en la bochornosa siesta tropical, los vecinos olvidarían la realidad que los agobia, como la inseguridad, los robos a granel, de a pie y en motocicleta, asaltos, el consumo de drogas por parte de la juventud del lugar, las peleas entre patoteros, policías, bagayeros y gendarmes. Y la mar en coche! Y no mencionemos a la falta de agua corriente en numerosos barrios, porque sería como nombrar la soga en casa del ahorcado.
También la fuente de aguas bailarinas borraría el desempleo, las dificultades que afrontan la salud y la educación, y etcétera, etcétera.
Los oranenses, con los pies bien puestos en la tierra, no lo entendieron así y le cerraron la puerta en las narices a la iniciativa danzante en espera de genuinas soluciones para sus muchos pesares. Se puede decir que al gauchito Urtubey se le mojó la pólvora de su entusiasmo por la danza hídrica.
Pero no todo el peso del despropósito le corresponde al gobernador. Bien puede compartir la carga del fracaso con el o los funcionarios municipales (concejales, Intendente) responsables de la construcción de la fuente. Muy desubicados los muchachos!
Fue, desde donde se la mire, una excursión desafortunada en Orán no solamente por la inoportuna inauguración de la fuente de aguas danzantes, que supo a burla, sino por la negativa del mandatario de hacer oídos sordos a los reclamos de la población, escudándose en un desmedido paraguas policial.
Será por eso que en las noches oranenses es posible escuchar una copla que dice:
Urtubey bajo las aguas
cree que baila el charlestón,
y no es eso lo que baila
porque baila un papelón.
Orsai!, gritó la tribuna.
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