Lo mismo sucede para la merienda. Reclaman la construcción de un salón desde hace 10 años.
Al mediodía, el hall de ingreso se convierte en un comedor colapsado, con más de 400 comensales. Mientras, entran los alumnos de un turno y salen los del otro. La misma escena se repite al atardecer.
Así funciona el servicio de Paicor en la escuela que, desde hace casi 10 años, reclama la construcción de un Salón de Usos Múltiples, donde pueda funcionar el comedor.
El Ipem, que cumplió 60 años en abril, cuenta con mil estudiantes divididos en cuatro turnos, más unos 300 que los sábados participan del centro de actividades juveniles o del plan de mejoras con clases particulares.
El personal de mantenimiento y limpieza también es insuficiente, los problemas eléctricos persisten y los baños colapsan con frecuencia.
En el patio, se ven los inicios de una obra abandonada hace más de dos años: materiales desparramados y columnas a medio hacer son las señales del olvido.
“El municipio nunca nos informó qué pasó con esta obra, estamos cansados de hacer reclamos en todos los ámbitos que corresponden, pero nadie, ni en la Provincia ni en la comuna local nos da respuesta”, relató el director del establecimiento educativo, Claudio Mazzieri.
Las notas al Ministerio de Educación provincial comenzaron en 2004. En 2008 fue entregado un petitorio con más de mil firmas al ministro Walter Grahovac, quien se comprometió públicamente a concluir la obra. “Pero no supimos más nada, los padres siguen preguntando, y nosotros gestionando, pero no encontramos respuesta”, expresó el director.
“Yo invito a todos los funcionarios a comer acá, todos los días, a ver cómo se sienten”, finalizó Mazzieri.
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