Unas 100 familias ocuparon un terreno en Las Heras por miedo a la inseguridad

Son inquilinos del barrio Villa Victoria que tomaron un predio contiguo para construir allí sus casas. Dicen que “es tierra de nadie” donde abundan los robos y las violaciones.
Cuando en la madrugada de ayer algunos vecinos, en soledad, comenzaron a adueñarse de una porción de tierra para solucionar su problema habitacional, pocos advirtieron de que el boca en boca tendría un rápido efecto: en la mañana, ya sumaban cien las familias que intentaban asegurarse ilegalmente un espacio en el baldío ubicado entre los barrios San Pablo y Villa Victoria, del distrito El Algarrobal, en Las Heras.

La situación se tensó cuando la barriada –son en general personas que alquilan dormitorios o viviendas en el Victoria– comenzaba a organizar la superficie que en total sirvió para dividir unos 350 lotes, y una mujer, a la que los pobladores reconocieron como “Mirta Centorbi, la propietaria de las tierras”, se hizo presente con la policía de la Comisaría Nº56 de la zona.

El grupo se concentró con la decisión firme de “no moverse” y la supuesta propietaria se marchó.

Al respecto, desde la Oficina Fiscal Nº 14 advirtieron de que no había una denuncia formal que acreditara el perjuicio de un tercero y por esa razón no se procedía al desalojo. Admitieron que Centorbi había estado en la dependencia, sin querer radicar la denuncia por el consejo de su abogado. Además, informaron que el ayudante fiscal Javier Nievas se había trasladado al lugar para intentar tranquilizar a los vecinos.

“La mujer no traía ninguna orden judicial ni documentación que acreditara sus derechos sobre estas tierras abandonadas hace años y que han sido escenario de robos y violaciones, ya que conectan los dos barrios y suele utilizarse como lugar de paso”, dijo Orlando Pallero, uno de los que participaron en la toma de los terrenos.

Según los testimonios, el espacio está en litigio por una sucesión. “Incluso la mujer nos dijo que ni ella ni los hermanos tenían plata para hacerse cargo, pero que si nos quedábamos nos iba a pasar por arriba con una topadora”, sumó Eliana, otra pobladora decidida a obtener un espacio para vivir.

El lugar carece de cierre perimetral y presenta un notorio abandono, razón que motivó a los habitantes a limpiarlo, quemar los matorrales y delimitar las porciones individuales valiéndose de palas y alambres.

Desde un primer momento los hombres y mujeres allí agrupados dijeron que la idea no era usurpar, si bien admitieron que el mecanismo utilizado no fue el correcto. “Queremos formar una cooperativa y comprar cada lote”, aseguró Carlos Machuca, vecino que tiene su vivienda pero acompañó a la barriada.

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