Los intentos por impedir la presencia de Nick Griffin, un homofóbico que reivindica la supremacía blanca y considera al islam como "malvado y salvaje", dieron una inesperada publicidad a su Partido Nacional.
Entre los otros invitados al programa estuvo el ministro de Justicia, el laborista Jack Straw, quien destacó que al igual que los nazis, el BNP defiende el concepto de raza, "algo que lo distingue del resto de los partidos políticos".
Straw consideró que el programa dejó claro que el líder del BNP no es más que "un aficionado a las teorías de la conspiración, que basa sus políticas en la raza, en lugar de los valores". Visiblemente nervioso en el inicio del programa, al que tuvo llegar escoltado, Griffin buscó ofrecer una imagen de moderación y negar muchas de las declaraciones que se le atribuyen. "No soy un nazi y nunca lo he sido", dijo Griffin, que en el pasado reconoció que siendo un adolescente leyó con interés el Mein Kampf (Mi lucha), declaró que "Adolf Hitler quizá fue un poco lejos" y no duda en expresar su "asco" cuando ve a dos hombres besarse.
No se retractó, sin embargo, de su opinión sobre el islam, una religión "malvada y salvaje", y argumentó que "si los musulmanes permanecen en este país deben tener en cuenta que este debe seguir siendo un país británico y cristiano, basado en valores democráticos y no en los del Corán". Tampoco retiró su afirmación de que los últimos gobiernos del Reino Unido han organizado "un calculado genocidio contra el pueblo aborigen de estas islas", es decir, contra "los ingleses, escoceses, irlandeses y galeses que han vivido aquí los últimos 17 mil años". Preguntado si se refería a la población de raza blanca, teniendo en cuenta que en el pasado ha expresado su deseo de "tener un Reino Unido con un 99% de población blanca", contestó que "el color de la piel es irrelevante".
Cientos de personas se habían concentrado durante todo el día frente a la sede de la BBC para protestar contra la intervención del líder del BNP, un partido que consiguió 900 mil votos en las elecciones al Parlamento europeo y obtuvo dos representantes en Bruselas. Pese a la ferocidad con que se expresaron sus detractores, Griffin consiguió una gran publicidad para un partido que hasta hace un par de años era una formación residual y que en las últimas 24 horas marcó la agenda política del Reino Unido.
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