Lucía Castro, quien ayer sobre las 16:40 conducía un Renault Logan desde Manantial Rosales por la ruta 1, se estrelló contra una palma de alumbrado público cerca del puente de Kilómetro 4. Centenares de personas se agolparon peligrosamente sobre dicho puente para observar el trabajo de los equipos de emergencia que rescataban a la joven del habitáculo.
Castro viajaba sin acompañantes en el vehículo patente LJI 554, cuando se despistó y recorrió varios metros sobre el bulevar, para luego estrellarse de frente contra una palma. Sobre la calzada quedaron rastros de las frenadas antes del violento impacto.
La violencia del golpe sobre la conductora fue atenuada por el sistema de airbag. Sin embargo, quedó atrapada en el habitáculo del Renault.
El motor prácticamente se desintegró y el frente del auto quedó retorcido abrazando el caño de alumbrado.
En un vehículo que viajaba adelante del Logan iba su novio Leo, que presuroso le prestó los primeros auxilios, al igual que otros automovilistas que en plena tarde del domingo se encontraron con el accidente al pie de la Plaza del Viento. Uno de ellos alertó de la posibilidad de que el auto se prendiera fuego por eso pidió que se desactivara la batería.
Al lugar llegaron efectivos de la Policía de Mosconi y bomberos del Cuartel Central con su unidad de rescate y la colaboración del Destacamento 3. También trabajaron rescatistas de Defensa Civil y una ambulancia del Servicio 107 de Emergentología.
TEATRO DEL MORBO
Cuando Diario Patagónico llegó al lugar del accidente, Castro gritaba atrapada en el habitáculo. Permanecía con mitad de su cuerpo sobre una tabla inmovilizadora que sostenían los rescatistas, con sus piernas apretadas entre el torpedo, los restos de motor y los pedales del coche.
Los bomberos trabajaron en la “extricación” del cuerpo y para ello debieron cortar los pedales del auto con una herramienta especial.
Los pies de Castro permanecían enredados entre el acelerador y el freno. “¡Ay! Me duele” gritaba la joven. Nervioso al lado de ella estaba su novio que lloraba por la situación. Algunos rescatistas le pedían que se alejara del lugar y otros le insistían que se acercara, porque Lucía lo llamaba.
Los momentos que se vivían en el lugar eran de suma tensión. Además, el puente se llenó de curiosos en sólo minutos.
Otros alertaban del peligro de que cayera en la cabeza de alguien una luminaria de la dañada palma que pendía solo de un cable.
De repente, se escuchó un fuerte chasquido. Los rescatistas habían cortado el pedal. Habían logrado liberar a la joven. Después separaron con otra herramienta el torpedo de las piernas y pudieron sacar a la conductora.
A esa altura centenares de automovilistas habían estacionado sus vehículos en la banquina de la ruta 3 y desde las barandas del puente de Kilómetro 4 permanecían como espectadores de un teatro del morbo.
Abajo los bomberos, implementaban una improvisada mampara, para cubrir el cuerpo de la herida y evitar que fuera vista por los curiosos. Entre ellos, madres que acercaban a niños muy pequeños para que observaran la situación.
Finalmente Castro fue rescatada y entablillada. “No sé que me pasó. Me duele el brazo”, repetía Lucía a su madre, que había llegado de acompañar a su hijo de un partido de fútbol. La joven fue hospitalizada con una posible fractura en su tobillo derecho, con traumatismos graves y cortes en el cuerpo.
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