Por: Osvaldo PepeLo pueden confirmar quienes circulen por Buenos Aires, pero también aquellos que recorran Roma, por citar un ejemplo del exterior. Pocas actividades resumen tanto el espíritu y los valores materiales y simbólicos de una sociedad como el tránsito y el transporte público. En la confluencia de ambos se pueden visualizar la racionalidad y la eficacia de los sistemas estatales, la responsabilidad de los actores privados, la observancia de la ley y el respeto al prójimo. En suma, se puede vislumbar el grado de ciudadanía responsable de una sociedad con sólo ver cómo se comportan vehículos, personas y autoridades en las calles, avenidas y autopistas.
La percepción general es que en las calles los ciclistas están desprotegidos, ya que ni agentes de tránsito ni policías les prestan mayor atención. Sin embargo, en ellos el casco suele ser una rareza y el rojo del semáforo no siempre motivo de freno. Algunos jueces han empezado a sancionar la imprudencia de los peatones en casos de accidentes. Habrá que empezar a seguir muy de cerca a los ciclistas. A veces la frontera entre víctima y victimario se vuelve difusa.
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