El turismo desarrollado de manera sustentable, tiene un potencial significativo para aliviar la pobreza y ayudar a la economía, claro está que deben mantenerse los lugares que fomenten este actividad, pero en la provincia parecieran haberse olvidado de algunos sectores, que funcionan como “atractivos turísticos”, ya sea por sus descuidos o por sus altos costos, impagables para una familia tipo que intente recorrer la provincia en este verano.
En Argentina, sin ir más lejos, tenemos provincias que han desarrollado el turismo en forma óptima –caso Córdoba- para quienes, desde una piedra malformada, ya es capaz de generar visitas y promocionarla.
Sin embargo, y sin desdeñar a la provincia mediterránea cuyos polos turísticos son de un valor superlativo, las provincias del noroeste Argentino nada tienen que envidiarle, con una mayor riqueza paisajística, diversidad climática, aunque aún se carezca de una infraestructura para recibir masivamente al turismo.
Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja, poseen un potencial mayúsculo como para quitarle la fama sempiterna a Córdoba, de ser la Meca del turismo nacional, aunque nos vamos a concentrar en nuestra provincia.
La Rioja posee enormes posibilidades de desarrollar circuitos turísticos de una belleza incomparable. Los únicos que no hemos descubierto esto, aún, somos los riojanos, y muchas de nuestras actitudes que espantan al turista. No hemos sido capaces todavía, de concientizarnos que de esta tierra estéril podemos hacer un polo turístico similar al de otras provincias.
Talampaya, San Blas de los Sauces, Sierra de los Quinteros, la Ruta de los Caudillos (a los turistas les encantan estas incursiones); la Cuesta de Miranda, las Aguas termales de Santa Teresita (prácticamente desolador); la Costa y sus pueblos y aldeas acogedoras, caso Santa Vera Cruz donde no hay ni siquiera una casa para tomar un té; Chilecito y sus alrededores, Vinchina, Jagüé, donde el verano se hace invierno, y sus cerros majestuosos y lo que brinda el tan mentado y nunca terminado y siempre polémico camino a Chile.
Y podríamos seguir enumerando los atractivos que están sin publicidad, ni tienen el movimiento turístico que haría reverdecer a esta provincia.
Si bien los beneficios se inclinaron hacia Talampaya, en donde ahora los riojanos podremos acceder gratuitamente, aunque sujetos a que este beneficio será solo los días lunes y martes, claro quedaríamos afuera todas las personas que cumplimos horarios laborales… en fin, desde turismo parecieran haberse olvidado de otros lugares.
Un ejemplo de esto, son las Termas de Santa Teresita ubicadas en el departamento Arauco, un lugar ideal durante todo el año para el descanso y el placer de las surgentes aguas termales, un paraíso para restablecerse física y psíquicamente, pero un dolor de cabeza al tener en cuenta que el costo por día en su hostería es de $270, sólo en hospedaje. Ni hablar si se pide almuerzo o cena. Un matrimonio estaría gastando diariamente $ 800,00. Difícilmente los argentinos tengamos acceso a esos lugares. Y menos los riojanos.
En el lugar, salvo la hostería que es acogedora, sus alrededores son deprimentes, no hay parquización y los árboles son inexistentes en las cercanías. Nada que convenza a los visitantes de quedarse en el lugar. Por el precio hemos visto como varios turistas argentinos, que se acercaban con numerosas familias huían del sitio, salvo algunos extranjeros se quedan, claro beneficiados por el costo del dólar.
Otro tema es el camping de la mentada “Villa Veraniega de Sanagasta”, que permanece cerrado al público desde hace meses, con un asombroso y sistémico abandono.
Como una paradoja, el cartel a la entrada del parque reza: “De tu conducta depende la próxima visita”, será que los visitantes no han tenido una conducta adecuada para cuidar las instalaciones de una de las villas más concurrida de nuestra provincia, ya que no pudo existir en este caso una “próxima visita”.
Y si de turismo se trata, no podemos dejar de lado Sierras de los Quinteros, un lugar hermoso, en donde al atardecer manadas de cóndores regresan a sus nidos, causando un imponente paisaje. Quebradas profundas con piletones naturales, que sorprenden en armonía con el paisaje.
Este lugar bellísimo se parece una estepa y puede ser visitado en verano e invierno, pero penosamente su camino es inaccesible e intransitable por el mal estado, cuestión que podría tenerse en cuenta al momento de fomentar el turismo local.
El turismo, bien explotado, puede ofrecer una herramienta efectiva y viable de desarrollo en la provincia; por esta razón debemos cuidar nuestras bellezas. Pero ante esto es ineludible contar con políticas que protejan y aseguren el buen funcionamiento de estos atractivos, permitiendo calidad, confort y precios accesibles, para todos aquellos que gusten visitar su provincia en cualquier época año, gustosos y orgullosos de vivir y conocer esta inimaginable tierra.
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