Tumultuoso final del período anual de sesiones del Concejo Deliberante

Tumultuoso final del período anual de sesiones del Concejo Deliberante
Las diferencias entre los ediles y los ocupantes de tierra se hicieron sentir una vez más. La tensión se focalizó ahora en la concejal Valeria Fernández, que rechazó acusaciones de Lilia Calderón.
En medio de tumultos, gritos y hasta, al parecer, algún puñetazo, concluyó ayer la labor legislativa del Concejo Deliberante de Cipolletti. La bochornosa situación ocurrió en la puerta de ingreso al salón de conferencias del quinto piso de la Municipalidad y dejó una honda marca de nerviosismo y tensión entre los presentes.

La última sesión del año, que arrancó a las 10, parecía que iba a ser normal, una más de las que vienen protagonizando los actuales ediles. Entre otras cosas, se aprobó el presupuesto municipal 2014 y la mejora del subsidio a los bomberos voluntarios.

Sin embargo, una gran tirantez se generó nuevamente entre los ediles y algunos dirigentes de los ocupantes de tierras por las diferencias que hace mucho tiempo existen entre las partes por la situación de las tomas.

Como lo ha hecho en pasadas sesiones, tomó la palabra Lilia Calderón, referente del Barrio Obrero y del Foro por la Tierra y la Vivienda Digna, y empezó a fustigar a los concejales por su falta de respuesta a sus distintos reclamos.

En su exposición, enfiló luego sus críticas hacia la edil Valeria Fernández, a quien una vez más, como en pasadas sesiones, le pidió que renuncie a su banca. En esta ocasión, además, la denunció por presuntas amenazas que le habría hecho llegar a través de una habitante de su asentamiento.

Los cuestionamientos empezaron a enardecer los ánimos de los miembros del Legislativo local y en cierto momento su titular, Juan José Castro, intentó parar las andanadas y, en particular, le dijo a Calderón que deje de plantear la dimisión y que se respete las instituciones democráticas. En eso, Fernández no se contuvo e inició sus réplicas a la dirigente de las tomas, lo que no le gustó a Castro porque estaba buscando poner paños fríos y terminar con la disputa.

El intercambio de la concejal y la ocupante se fue intensificando notablemente. Al final, la primera se paró y abandonó el salón visiblemente alterada. Al parecer, un par de fuertes y secos aplausos de su esposo, que se contaba entre los presentes, la llevaron a terminar con la puja. Dio la impresión que todo quedaría allí. Sin embargo, a los pocos minutos Fernández estaba de vuelta y allí se inició la parte más polémica de la mañana.

Al parecer, el marido de la concejal le habría propinado un puñetazo o, al menos, un empujón a uno de los ocupantes que integraba el grupo de Calderón. La escena de pugilato habría ocurrido en el pasillo contiguo al salón donde se estaba sesionando. La víctima dijo que lo habían golpeado en la cara, el presunto agresor negó haberle pegado. Todo sucedió en medio de una gritería ensordecedora, voces de histeria desatada e intentos desesperados de Castro por volver las cosas a sus cauces normales.

Al final, Fernández, en diálogo con el periodismo, afirmó que continuará con su labor de “defensa de los derechos de los barrios periféricos” y dijo que Calderón “está muy equivocada” porque maneja “información errónea”. Enfatizó que “a mi familia no la toca nadie” y dijo que, con los suyos, “somos gente de trabajo”. Contó que, cuando salió del salón, fue para hablar con el intendente Baratti y fue categórica en cuanto a que “no voy a renunciar”. Concluyó: “No me voy a quedar callada si están atacando a mi familia”.

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