En la casa cultural El Hormiguero, alrededor de 40 personas canjean diversos productos y servicios sin utilizar dinero. Sus participantes destacan que el club permite revalorizar el trabajo artesanal y los saberes populares desde códigos comunitarios
Prendas usadas por verduras orgánicas, alhajas artesanales por clases de inglés, pan casero por sesiones de reiki... Esas son algunas de las infinitas posibilidades de intercambio que ofrece el club del trueque que desde hace poco más de un mes funciona en la ciudad. El dinero es el único objeto prohibido dentro del circuito.
Irene Orzaocoa, una de las impulsoras del proyecto, explica que dentro del sistema no hay papeles ni monedas circulantes sino que funciona en base a planillas donde se registra el crédito que cada participante posee según las compras y ventas que va realizando.
“Ingresás con 30 créditos cuando entrás en el club y a medida que comprás vas anotando en tus ingresos y egresos lo que gastás y vas haciendo un balance. Esos gastos son créditos”, explica Irene.
De cualquier manera, destaca que la condición para seguir participando es llevar algo para vender, ya que es la única forma de obtener nuevos créditos.
¿Como se establece el valor de esos créditos?
Es el mismo valor de mercado sólo que no se llama dinero: un crédito vale un peso. Cada uno le pone a sus productos el valor que le parece.
No sólo en tiempos de crisis
Las experiencias de trueque en nuestro país se fueron multiplicando a partir de los momentos de crisis, tal como ocurrió en diversas ciudades a partir de 2001, pero luego han ido desapareciendo a medida que mejoraba la situación económica de la población.
Sin embargo, los integrantes del club que funciona en Río Cuarto destacan que el sistema adquiere nuevos sentidos en el contexto actual.
“Es una micro experiencia: creo que hay un montón de micro experProxy-Connection: keep-alive Cache-Control: max-age=0 ncias y las separo de las de los ´90, que eran de resistencia porque estábamos con mucha gente desocupada y había que hacer algo”, expresa Jorge Torres, uno de los participantes de la iniciativa local. Y agrega: “En este otro momento tal vez no esté pensado como una manera de sobrevivir, sino como toda una actitud de producir bienes con valor y que podamos socializarlos de una manera diferente”.
Por su parte, Irene señala que la intención es “salir del monopolio de cuestiones comerciales, o sea generar un espacio donde vos puedas vender lo que hacés y que si lo tenés que vender en el mercado es mucho más difícil”.
En este sentido, destaca que en el trueque “hay otras prioridades” que permiten valorar el trabajo artesanal y el hecho de compartir las producciones propias.
Un espíritu que se expresa con sólo observar los productos y servicios que se ofrecen dentro del club local, integrados en su mayoría por trabajos artesanales e independientes. Tejidos, alhajas, objetos de cerámica, verduras orgánicas, tortas, pan casero, ilustraciones, reiki, clases de inglés, dibujo y guitarra son sólo una parte de la larga lista.
Además, sus impulsores señalan que las posibilidades son infinitas: “Hasta un auto podés trocar”, afirman.
Desde su participación, Jorge expresa uno de los tantos sentidos que adquiere esta experiencia: “Yo escribo y estoy trayendo mis libros. Y realmente me encantó porque es del autor al lector”, relata y contrasta esa relación con el modo impersonal en que los libros circulan en el mercado.
Margarita Salinas es otra de las personas que concurre con frecuencia al trueque del Hormiguero, quien relata que va variando los productos que lleva para intercambiar.
“Ahora traje artesanías en alpaca que hago y me llevo un saquito tejido para un bebé recién nacido, una remera y comida casera”, relató el domingo pasado.
Desde su experiencia, Margarita también encuentra un motivo especial para apostar al proyecto: “Lo que más me gusta es que las cosas que traigo las hago yo y cambiarlas con gente que ha hecho implica que no sólo te olvidás del dinero sino que hay un intercambio de trabajo sentido”.
Los códigos necesarios
“Lo que también hay que valorar es que entre los que formamos parte, si bien no hay reglas hay códigos de valores, de honestidad y ese tipo de cosas que es lo importante para que esto siga funcionando”, indica Irene. Y agrega: “Si empezamos a especular vamos desvirtuando la esencia del trueque”.
Sus afirmaciones se relacionan con otras experiencias similares en las que ha participado y que, según relata, se terminaron desvirtuando debido a ciertas prácticas que provocaron, por ejemplo, que el crédito se monopolizara, se devaluara o que se comenzara a cobrar entrada para acceder al club.
Justamente éste es uno de los motivos que generaron que la casa cultural El Hormiguero sea la anfitriona del trueque cada domingo. “Las personas que somos de acá tenemos un nivel de conciencia que hace que nos respetemos y eso ayuda a tener presente que el dinero no es lo importante”, cuenta Irene.
Una idea para multiplicar
Los impulsores de este proyecto destacan que su esencia trasciende la experiencia particular que se desarrolla hoy en El Hormiguero, ya que puede reproducirse en otros espacios y provoca nuevos sentidos sociales.
Al respecto, Jorge señala: “Tengo fe en estas cosas que de alguna manera van reactivando los saberes populares”. Y hace referencia a que la lógica misma del trueque provoca que los interesados comiencen a producir de manera artesanal o independiente para poder ingresar al circuito y “aportar desde lo comunitario”.
Por su parte, Irene expresa que una de las principales enseñanzas que pueden dejarnos estas iniciativas es “que se puede vivir sin dinero, por lo menos una gran parte”. Y señala cómo el proyecto va modificando las economías individuales: “Empezás a consumir productos artesanales, orgánicos, y ya todo eso es ingreso que no lo tenés que comprar”.
Por último, la participante destaca la posibilidad de que la experiencia se expanda en la ciudad: El trueque no termina acá, esto funciona para que después vos lo hagas en el barrio, en el río, en tu casa, con tu vecino. Esto es lo que tenemos que rescatar: el espíritu del intercambio”.
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