El tránsito, la otra inseguridad

El tránsito, la otra inseguridad

En la mañana de ayer, cuando eran recién las 9, la comisaría 32 ya estaba trabajando en cinco accidentes de tránsito. Una mujer atropellada en Yrigoyen y Moreno, una niña atropellada en la calle Belgrano, dos hechos similares de lesionados al caerse con sus motos, y seguramente podríamos seguir enumerando, pero no es el quid de la cuestión.

Es que cotidianamente afrontamos, al realizar nuestras actividades, un riesgo latente que está íntimamente ligado con nuestros hábitos, nuestro modo de conducirnos y la anomia que parece imperar en la calle. La prioridad de los peatones no significa nada, los carteles de precaución o prohibición tampoco. Parece que, en los semáforos, el amarillo significa lo mismo que el verde. No en vano San Rafael encabeza la estadística de muertos en accidentes de tránsito de Mendoza. Somos los primeros en una provincia que a su vez es la quinta entre 24, con 369 muertos en 2013, un record nada grato.

 

LAS CAUSAS

Una razón de peso pasa por la facilidad para obtener las licencias de conducir. No existe el concepto de que obtenerla no es un derecho, sino la acreditación de una capacidad. Cualquiera obtiene su carnet contestando algunas preguntas sobre reglas de tránsito y señales, y estacionando en tres maniobras entre conos de plástico. La real acreditación de esa capacidad es un proceso largo y permanente. Hay países donde obtener la licencia lleva más de un año. En nuestros exámenes no se evalúa la conducta, sólo la técnica. Por citar un ejemplo, observando a los conductores se puede ver que la mayoría de ellos ni siquiera saben sentarse en una posición correcta dentro del vehículo.

Los sistemas de scoring que se utilizan en algunos lugares se han mostrado poco efectivos en nuestro país porque, básicamente, de la cantidad de infracciones que se labran una ínfima minoría termina con una sanción de la Justicia de Faltas. Y hay otro concepto que en la Argentina no se aplica y en otros lugares ha demostrado ser efectivo, y es el de instaurar los delitos viales. Aquí están tipificados como contravenciones o faltas, y pasar a considerar alguno de ellos lisa y llanamente como delitos significa cambiar el sistema de sanción y también la instancia encargada de ejecutarla. Hay algunas conductas en la calle que más que faltas son delitos, por el grado de riesgo que entrañan, pero a pesar de las muertes aún no nos hemos detenido a pensar en ello. Quizás porque siempre pedimos leyes duras para las conductas ajenas, pero nunca para aquellas que nos incluyen.

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