Tránsito: el asesino implacable del departamento

Tránsito: el asesino implacable del departamento

Luego de liderar estadísticas de víctimas viales durante los últimos años, el 2015 arrancó con cifras tan altas que, de no haber cambios urgentes, volverán a situarnos en un lamentable primer lugar. Falta de controles y escasa conciencia de los conductores son las causas más visibles.  

Las estrellas amarillas con el nombre de la víctima -homenaje póstumo que se pinta en los lugares donde se produjeron accidentes fatales- se van multiplicando en nuestro departamento. Pero en lo que va de 2015 la estadística es espeluznante: si en años anteriores siempre estábamos a la cabeza o peleando el primer lugar en víctimas de siniestros del tránsito, en el año en curso el record de 10 muertos en sólo 50 días debería encender las alarmas y obligar a que, de una vez por todas, la seguridad vial sea un concepto lleno de sentido, una obligación de trabajo consistente y permanente.

El sábado falleció Pedro Ruiloba, abuelo de 80 años atropellado en su bicicleta el 9 de febrero, y también Roxana Conrad, de solo 17 años, accidentada en moto el 11. Raúl Corrales y Marcelino Elido, turistas santafesinos, fueron las víctimas del 1 de febrero en un vuelco en La Horqueta. Franco Guerra, de apenas 21 años, quien viajaba en una moto con su hermano Jonathan, falleció el mismo día en La Pichana. Víctor Garay tenía sólo 19 años, y también viajaba en una motocicleta cuando sufrió el accidente por el que agonizó varios días en el Schestakow. Emanuel Quesada tenía 17 y fue atropellado y abandonado en la ruta, donde perdió la vida, el 25 de enero. Otra víctima, de 86 años y apellido Llorente, falleció al ser embestida por una camioneta el 10 de enero. Sebastián Galdame, falleció el 5 de enero en un vuelco en la 143, siendo el primero del año.

Es una enumeración árida, difícil. Muchos jóvenes, muy jóvenes, aumentan la preocupación. Peatones, ciclistas y motociclistas son los blancos más fáciles. Cuesta pensar tantos nombres, tantas familias destruidas, tantas vidas segadas, tantos sueños truncos.

Entonces, vale la pena pensar en qué hacer. Es muy fácil violar los límites de velocidad y que no pase nada, hay acaso solo dos o tres controles en el departamento. Es muy fácil beber y conducir: de 168 horas que tiene una semana puede haber 8 de controles de alcoholemia, y en consecuencia 160 de impunidad. Es muy fácil circular en vehículos que no cumplen los requisitos mínimos para circular, ni siquiera -con más de 20 años de ley al respecto- hay verificación vehicular.

La conclusión se cae de madura: más allá de las campañas para concientizar a los conductores sobre las normas del tránsito que debemos cumplir, reina el descontrol. El único resguardo que nos queda entonces es la conciencia individual: que cada uno se tome muy en serio lo que hace en la calle, con responsabilidad y seriedad. Hasta ahora con eso no alcanza. 10 personas fallecieron en solo 50 días.  

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