El Frente Amplio ganó con claridad, pero sin embargo su triunfo deja un sabor agrio en sus propias filas y en quienes, desde afuera, lo miran con simpatía ¿En qué podría basarse esa contradicción?
Bueno, los indecisos estuvieron en otra parte.
En verdad, se trató de una expectativa que ahora se revela inflada y que, naturalmente, podría desde este momento comenzar a jugar un papel psicológico importante a la luz de la segunda vuelta que se viene.
Si se miran con atención los números, la elección del Frente fue muy buena, especialmente tras sufrir el desgaste de cinco años de gestión y de presentar un candidato, Mujica, que genera resistencias en muchos sectores, especialmente en las clases medias más acomodadas que, de no ser por él, podrían haber cambiado el sufragio. Sacó casi el 48% de los votos contra el 50,4% del 2004, cuando lo envolvía el misterio de la primera vez. Y se confirmó como el único partido de una mitad del país.
Ha sido el Partido Nacional una de las sorpresas. Perdió un 5,5% de votos respecto de hace cinco años y, sin embargo, va al balotaje. Su candidato estaba en estado de defunción política, según dicen algunos, ahora resucita y está a un suspiro del cielo.
La matemática dice que Mujica debería ganar el balotaje. Al menos, debe convencer a menos voluntades que Lacalle. El golpe de efecto estará dado en las próximas horas, cuando se sepa quién es el dueño de la mayoría del Parlamento. En Uruguay, quien lo gane estará cerca de la gloria. Será muy difícil para el próximo gobierno convivir con un legislativo hostil. El analista político Ignacio Zuasnabar lo puso en estos términos ante una consulta de Clarín: "Si el Frente gana la mayoría, entonces la elección estará muy inclinada a su favor".

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