La triste navidad de los empleados despedidos por Juan Carlos, Sergio y Marcelo Romero

La triste navidad de los empleados despedidos por Juan Carlos, Sergio y Marcelo Romero
A seis años de su despido decenas de trabajadores de prensa precarizados y maltratados por el clan Romero en Tucumán esperan sus indemnizaciones.
Mientras suenen los estruendos de los fuegos artificiales, cuando los brindis se multipliquen y desborde la alegría, habrá 16 periodistas tucumanos que, una vez más, pasarán la noche buena esperando por sus indemnizaciones y recordando la nefasta experiencia de haber sido empleados de Marcelo, Juan Carlos y Sergio Romero en El Tribuno de Tucumán.

Gran parte de esos 16 periodistas comenzaban su carrera, muchos de ellos la dejaron después de eso. La precarización y el maltrato como una constante dejaron una huella difícil de borrar en esos jóvenes.

Lo que era una camada de talentosos jóvenes se convirtió en un fantasma gris. Habían sido contratados como “pasantes” trabajaban entre 12 y 14 horas, cobraban 300 pesos y tenían las mismas obligaciones que cualquier otro trabajador de prensa, sufrían suspensiones y finalmente fueron despedidos tras varios años de maltratos.

Algunos de esos talentos formados académicamente en una de las mejores universidades del país, se vieron forzados a buscar otros rumbos, algunos se volcaron a la comunicación institucional, otros a ser administrativos en empresas. La marca que dejó en aquellos jóvenes la experiencia de haber trabajado para el clan Romero los alejó de manera definitiva del periodismo.

No es para menos, dos años de trabajos en pésimas condiciones, con salarios miserables, sin obra social ni aportes jubilatorios, derivó en una lucha de varios meses y terminó en un despido masivo.

La cuestionada Justicia tucumana, como pocas veces actuó con celeridad, pero la maquinación romerista fue aún más rápida, cuando desde tribunales salieron las órdenes de embargos, Sergio, Marcelo y Juan Carlos Romero ya habían zarpado de Tucumán. La compañía que era propietaria de el Tribuno de Tucumán era una empresa fantasma, jamás existió y la complicidad del Gobierno de José Alperovich a quien el diario le rendía una descarada pleitesía la dejó actuar con impunidad.

Mientras el clan Romero levante sus copas, de costoso champagne, en sus lujosas mansiones pagadas con el sufrimiento ajeno, 16 trabajadores seguirán esperando que alguien les devuelva sus dos años de vida regalados a una empresa inexistente.

Hoy El Tribuno de Tucumán pertenece a otros dueños que de a poco intentan levantar el desfasaje romerista, pero los pocos periodistas que quedan de la época de los Romero, nunca olvidaran los años de terror vividos en ese diario.

Comentá la nota