Queríamos sorprender, introducir un motivo de novedad en serio en la campaña. Por eso la candidatura de Camilo (Echevarría). Pero bueno, no se dio, y algunos no lo entendían. Si no es Camilo, debe ir alguien del PRO. Es también un factor novedoso en Neuquén, que suma. Lo demás es siempre más de lo mismo.
La explicación, a las apuradas en un pasillo, proviene de un referente importante del sector de Horacio Quiroga, antecedió al posterior anuncio de las listas “espejo” del oficialismo capitalino, con Carolina Rambeaud como primera candidata a diputada. El PRO ocupa así un lugar que no hubiera soñado hace apenas un par de año en Neuquén. Tiene un candidato a intendente, Marcelo Bermúdez; uno a vicegobernador, Leandro López. Y encabeza la lista de diputados con Rambeaud, lo que prácticamente asegura una banca a partir del 10 de diciembre.
Primera conclusión: el sector de la sociedad neuquina que cree en la posibilidad de desplazar al MPN y confía en el poder de la clase media como factor de equilibrio alejado de las desmesuras de derecha e izquierda, comienza a encauzar su voto político hacia ese entramado nacional incipiente que parece querer cuajar entre el radicalismo, el PRO, y una parte del peronismo más liberal.
El peronismo neuquino y sus aliados de las filas progre de centro-izquierda, que han coqueteado con el movimiento pergeñado entre asonadas, inestabilidad y sindicatos poderosos con mayor profundidad desde que en el 2003 asumiera el kirchnerismo, ubicó al hasta ese momento rebelde y enojado Javier Bertoldi en el segundo lugar de la lista de candidatos a diputados del Frente para la Victoria, y le aseguró de esa manera al intendente de Centenario una banca para el período 2015-2019.
Bertoldi había sucumbido ante las frías encuestas que manejaba la Casa Rosada para definir la fórmula que mejor convenía en Neuquén, para garantizar (de máxima) ganarle al MPN, o (de mínima) al menos obturar el camino de la posibilidad de triunfo del quiroguismo y su planteo filo-macrista. Su desplazamiento había dejado abierta una herida y la posibilidad de que los votos se fugaran hacia el MPN u otro continente, o directamente al blanco, ese matiz que espanta a cualquier partido político.
Segunda conclusión: el kirchnerismo jugará a fondo, basado en la construcción territorial que puede ostentar a partir de propios o ajenos en Cutral Co, Zapala y Centenario, afirmado en la convicción de que pese al declive de fin de ciclo, conserva la suficiente intención de voto como para reflejar un sector de la ciudadanía que todavía está entre las mayorías, y que con un poco de buena fortuna y otro poco de aciertos de campaña, puede dar un muy buen resultado en las urnas, que no decepcione a la sensible ocupante de la residencia de Olivos.
Jorge Sapag explicitó algo de Perogrullo pero no obstante significativo en la última semana: en esta coyuntura electoral, el MPN está alejado de la propuesta kirchnerista, y por ende, alejando (circunstancialmente) de los planteos estratégicos-políticos de la señora Cristina Fernández. Después del envión protagonizado en la campaña haciendo de acompañante destacado del candidato Omar Gutiérrez en todos lados y llevando a la fórmula del MPN a todos los actos oficiales, esta explicitación no ingenua de Sapag es la segunda novedad importante dentro del devenir oficialista de la campaña.
Es comprensible también en una coyuntura que comenzará a mostrar inexorablemente los problemas del freno petrolero impuesto objetivamente desde que comenzó el derrumbe del precio del petróleo, que obligó al gobierno nacional a fijar un precio nacional más alto que el internacional (cuando siempre había sido más bajo), y a cambiar el valor de referencia del WTI de Texas al Brent de Londres. Actualmente el precio internacional se ameseta en los 50 dólares en el caso del WTI y en los 60 dólares en el caso del Brent. El precio “Kicillof” es 77 dólares. La perspectiva se mide por la sensación térmica del sindicato petrolero de Guillermo Pereyra, proclive en estas circunstancias a la moderación y la concesión de algunas de las sobreactuadas ventajas conseguidas en tiempos de vacas gordas. Por ejemplo, vigilar el exceso de ausentismo.
Tercera conclusión: El MPN juega a captar el voto de kirchneristas enojados con el kirchnerismo, y también el de los no kirchneristas que desconfían de otras propuestas que ven con menos fuerza que la que puede mostrar el oficialismo. La posición de no estar con el gobierno nacional, pero tampoco en contra, no es nueva, pero se renueva en cada coyuntura con sus singularidades. Además, el MPN ha logrado mejorar la intención de voto hacia Gutiérrez, en la misma medida en que el candidato va mejorando su discurso, con algunas propuestas ante situaciones concretas de la realidad provincial. Por lo demás, solo se trata de mantener razonablemente en funcionamiento el gobierno, tratando de hacer abstracción de las enormes dificultades que se avizoran a nivel nacional.
Mientras las campañas entran en el tramo final en lo que hace a la definición provincial, no hay que olvidar que el 29 ya se vota, en Chos Malal, donde se augura un relativamente seguro triunfo del MPN; y el 12 de abril se vota en Zapala, donde el vaticinio pasa por el éxito del Frente para la Victoria con el Frente Grande, con la eventual reelección de Soledad Martínez. En esas elecciones se medirá más que el triunfo de los intendentes: servirán para pintar cómo está cada fuerza rumbo a los comicios del 26 de abril, y si es posible corregir algo en el poco tiempo que queda.
Rubén Boggi
(foto: Luis Amaolo).





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