El titular de la EBY, Oscar Thomas, desde hace 12 años en su cargo, insistió en la “necesidad” de construir nuevas represas en la provincia, prometiendo una cuantiosa suma de dinero anual que ingresaría a la provincia en concepto de regalías.
Sin embargo, Thomas omitió decir que con la represa de Yacyretá que él maneja, no se ha invertido lo necesario para la transmisión de energía en la provincia. También evitó mencionar que de construirse estas dos represas mencionadas, probablemente él sería el funcionario que controle las entidades binacionales responsables por la construcción de los megaemprendimientos. Como era de esperarse, el ingeniero no informó que existen proyectos alternativos a las represas, que son más baratos y no inundan tierras (como las turbinas hidrocinéticas), ni mucho menos, precisó cuánto tiempo y dinero costarían las represas.
Para Thomas con las nuevas represas de Garabí (sobre el Uruguay) y de Corpus (sobre el Paraná) se podría agregar unos 7 mil megavatios de potencia instalados, con lo que se estaría generando unos 10 mil megas por año. Desde luego, Thomas no informó que tomará por lo menos unos 10 años que las represas estén operativas, con una inversión inicial de más de 4 mil millones de dólares por cada represa. En esos diez años, la cifra de costo se multiplicaría por 10, como ya ha sucedido con Yacyretá (presupuestada en 1500 millones de dólares con un costo final de más de 15 mil millones)
“Se pretende obtener de estas nuevas represas un 30%, un porcentaje para Corrientes, sería 15% para casa uno porque es coparticipe Corrientes en Yacyretá, lo mismo en Garabí y Corpus. Misiones podría recibir mil megavatios de potencia instalada, que significarían 7 mil gigavatios hora año de generación. Si se dedica a vender al mercado a gente como EMSA; sin costos asociados, ni cargarles impuestos, serían unos mil millones de dólares al año”, dijo Thomas, según la versión de yamisiones.
El cuestionado funcionario evitó hacer mención, entre otros temas, a los siguientes problemas de las represas: el impacto socioambiental (más 30 mil hectáreas del terreno serán inundadas sólo con Garabí, lo cual implica una masiva relocalización de poblaciones costeras), las enfermedades asociadas a las represas, la corrupción que involucra a las obras públicas de estas envergaduras (ligadas a todas las represas del mundo), el tiempo para la operatividad de los emprendimientos (10 años como mínimo), y el nada desdeñable dato que señala que sería el propio Thomas quien manejaría las suculentas cajas de las dos nuevas entidades binacionales que deberían crearse para construir las represas.
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