La gestión Bruera ha tornado a la localidad de José Hernández como el basural a cielo abierto más grande de la región. A pesar de las promesas de saneamiento, la cantera de 25 y 514 y las calles están repletas de residuos por los vuelcos clandestinos que realizan camiones del Municipio. “Es tremendo lo que estamos viviendo”, dijo una vecina.
El intendente Pablo Bruera anunció la firma de un convenio con la Universidad Nacional de La Plata para el saneamiento de la cantera de Hernández de calle 25 y 514, la cual su propia gestión convirtió en un inmenso basural a cielo abierto, con el vuelco clandestino de desechos.
Pero hoy, la basura sigue siendo una constante no sólo en dicho lote, sino en cada esquina y cada rincón de esta localidad que se ha convertido en el basural la clara muestra del abandono y la desidia que rodean a esta gestión municipal.
“En las redes sociales y la publicidad de campaña el intendente nos vende un municipio limpio, que piensa en el cuidado del medio ambiente, pero en Hernández vemos que todo eso es una falaz mentira”, sentenció duramente Jorgelina Gómez, una vecina de dicha localidad, que denunció a INFOPLATENSE, la radicación de basurales en diversos puntos de la zona.
Sostuvo que “en nuestra localidad predomina la desidia y la falta de respeto por nuestra salud y el medio ambiente”, y remarcó que “es tremendo los basurales que hay a metros de clubes, instituciones y domicilios”.
Según explicó, las zonas más críticas además de la propia cantera, son hoy en día las calles 133 desde 515 a 517, 135 desde 516 a 519, y 514 entre 27 y 28. A lo cual se le suman las inmediaciones al club de rugby Albatros, y el campo de deportes del colegio Lincoln que están “a pasos de los basurales y los focos infecciosos”.
“Nos prometieron el saneamiento de la cantera pero siguen dejando ingresar camiones con cualquier tipo de residuos; y no sólo eso, sino que también la Delegación colabora con la contaminación poniendo a disposición una grúa que luego tira todo al vacío”, lamentó.
A su vez, se denunció que la zona se tornó un “descarte” de vehículos robados, los cuales son prendidos fuego y abandonados a los costados de los caminos.

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