Un trasplantado del corazón recorre todas las semanas 300 kilómetros en su bicicleta

Un trasplantado del corazón recorre todas las semanas 300 kilómetros en su bicicleta
Reconoce que el mismo día de la operación conoció a la Virgen de la Rosa Mística. Esto lo ayudó y ahora es su devoto. Su familia, sus amigos y su voluntad, a toda prueba, sumaron para que pudiera salir adelante.
Hace seis años que recibió un corazón nuevo, en un trasplante que le practicaron en el hospital Italiano. Hoy recorre 300 kilómetros en bicicleta por semana. En franca recuperación, dice que se siente tan bien "como en los años anteriores a la operación".

Alberto Daniel Fernández tiene 52 años y es un caso raro. Él mismo reconoce que "estoy un poco loco, igual que todos los ciclistas". Sale a correr con sus amigos de la vida que integran el grupo de Los Corralitos.

El hombre es ciclista de alma, y está casado con Nancy. Tienen dos hijos: Romina, que estudia profesorado de Inglés, y Marcelo, que cursa en Ciencias Económicas, ambos en la UNCuyo. Viven en el barrio San Javier, cerca de Rodeo de la Cruz, en Guaymallén.

Este original trasplantado se apasionó por las bicicletas cuando tenía 14 años. Junto con uno de sus hermanos comenzaron a armar sus bicicletas para participar de algunas carreras. "Todo el dinero que juntábamos con nuestros trabajos iba a parar a las bicicletas", recuerda con una sonrisa enorme en su rostro.

"Cuando teníamos 18 o 20 años ya competíamos en las categorías A y B y andábamos de un lado al otro", narró Alberto y se adelantó a decir: "para nosotros lo más importante era llegar a la meta, ya era un premio, una hazaña. Una vez llegué entre los 10 primeros en una vuelta de El Carrizal".

El ciclismo también le dio dos ídolos a los que respetó siempre: "El Payo" Matesevach y Cayetano Cortéz. "Nos atraían porque eran grandes, personas ya hechas, correctas. Después, cuando teníamos 24 años todo se puso muy caro y tuvimos que dejar las carreras. Ahora salimos con los amigos", dice Alberto que desde hace 25 años es el único bicicletero de la zona.

Comienzan los problemas

Pese a pasarse la vida pedaleando, llegó un momento en que comenzó a sentirse mal. No dejó la bicicleta, pero fue al médico y después de numerosos estudios le dijeron que debía enfrentar un trasplante de corazón. Tenía 46 años.

El médico Claudio Burgos, director del Departamento de Cirugía Cardiovascular y Trasplantes del hospital Italiano, fue quien le practicó la operación quirúrgica. Cuando le habló fue muy claro: su dolencia congénita no tenía solución y debía buscar un corazón nuevo dado que el suyo se dilataba. Medicado, y ya sin fuerzas, debió internarse y a las pocas semanas fue operado.

El 27 de noviembre de 2006 esperaba para ser operado en el hospital Italiano. De pronto, se le presentó una mujer que le hizo conocer la imagen de la Rosa Mística. Justo el día en que ella se "aparece". "Desde entonces, dice Alberto, soy devoto de la Virgen y voy casi todos los 27 a visitarla. A veces lo hago en otros días que no son los 27".

"Después del trasplante comencé a caminar de a poco. Luego tomé la bicicleta y andaba en el barrio y fui alargando las distancias. Llegaba hasta Los Corralitos, por ejemplo. Y después me largué a andar un poco más" indicó con toda naturalidad sobre la receta de su extraordinaria recuperación.

El equipo con el que sale a correr son los que lo apoyaron en todo momento, antes y después de la operación. "Fue increíble cómo me trataron, cómo me ayudaron. Me dijeron que no me preocupara por el dinero, que ellos me iban a ayudar", dijo con bastante emoción.

El otro pilar fundamental que reconoce para estar vivo en estos momentos es su familia, "mi esposa, mis hijos, que siempre me acompañaron en forma incondicional", aseguró.

Bicicleta y trabajo

Actualmente sale los martes, miércoles, jueves, sábados y domingos a andar en bici. Hace un promedio de 300 kilómetros por semana. Alcanza una velocidad de entre 28 a 35 kilómetros por hora.

"Son muchas horas de bicicleta. Es que cuando uno anda mucho ya no se siente tanto el cansancio. En realidad, es agradable sentir cansancio con un ejercicio que le hace bien" destaca.

Y cuando no está pedaliando, trabaja en la bicicletería que hace años tiene en su casa. Vende repuestos y arregla todo tipo de bicicletas.

Durante su tratamiento, miraba la bici y le decía: "Algún día voy a andar de nuevo". Fue un gran sacrificio.

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