Tras un día triste y de furia en el Pami de Mendoza, el análisis: son víctimas del mal hábito de la normalidad

Tras un día triste y de furia en el Pami de Mendoza, el análisis: son víctimas del mal hábito de la normalidad

María Mireya Córdoba murió el jueves en la sede del PAMI. Llevaba tres días yendo al local de atención al público (como la mayoría de los que estaban allí) para agotar un trámite que no le hacía falta realizar: insólito.

A María Mireya Córdoba la muerte la encontró en la sede del PAMI.

Llevaba tres días yendo al local de atención al público (como la mayoría de los que estaban allí) para agotar un trámite que no le hacía falta realizar, según lo aclararon las propias autoridades de la entidad.

Pero ella no lo sabía y nadie se lo informó. Tres días estuvo yendo a las 6 de la mañana, sacando número, esperando varias horas para ser atendida sin suerte.

La muerte la sorprendió antes y aunque intervino una médica que hizo todo lo posible para salvarla, no hay una sala con equipamiento mínimo para atender una urgencia con riesgo de muerte.

Los encargados del PAMI respondieron que dicha sala no hace falta porque tienen un servicio de ambulancia, pero la muerte suele ser más rápida que los paramédicos que deben atravesar el centro.

Al parecer, ese argumento no es suficiente para los conductores locales del organismo, quienes señalaron que lo que le pasó a la mujer le puede pasar a cualquiera: es decir, la gente tarde o temprano se muere, es lo normal.

Para ellos también es normal que los ancianos hagan largas colas, esperen horas, vuelvan al otro día para ser atendidos y que haya apenas 12 empleados para los trámites. De hecho, creen que prestan correctamente el servicio.

Y es lógico que les parezca normal porque así funciona la sede del PAMI hace años: maltrato, demoras, desconsideración y desinformación son moneda corriente, a tal punto que todos se han acostumbrado.

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