Tras siete meses prófugo, cayó el presunto asesino de Luis de la Vega

Tras siete meses prófugo, cayó el presunto asesino de Luis de la Vega
Fue detenido cuando salía de la casa de su madre. Es sospechoso de haber matado al comerciante durante un asalto en octubre de 2013
El 19 de octubre de 2013, cuando Luis de la Vega detuvo su camioneta, fue abordado por dos personas que lo fusilaron. El comerciante volvía de atender la cantina que la Asociación Deportiva de Profesionales Universitarios de Tucumán (Adput) tiene en la localidad de Bajo Grande, en la ruta 9. Al final de la jornada laboral, siempre acercaba a sus empleados hasta la ciudad.

Esa noche Luis de la Vega se detuvo en la esquina de Mario Bravo y Guatemala, para que descendiera de la camioneta su empleada. En ese momento, dos delincuentes se acercaron en una moto y, a punta de pistola, le exigieron que les diera todo lo que tenía. De la Vega no se resistió, pero pidió que dejaran ir a su empleada, que estaba embarazada. Los delincuentes lo forzaron a salir de la camioneta y, en la confusión, uno de ellos disparó.

Las detenciones

Dos días después, la policía detuvo a Luis Nicolás Espeche, de 22 años, sospechoso de haber participado en el hecho. Su presunto cómplice, Félix "El Pelao" Trejo, de 35, escapó y desde entonces se mantuvo prófugo.

En las últimas semanas, su hermana, Bibiana de la Vega, denunció en reiteradas oportunidades que el presunto delincuente era visto a plena luz del día por el barrio. Sin embargo, la Policía no lograba detenerlo. El Pelao ya era investigado por otros delitos.

Ayer, según informó el diario La Gaceta, dieron con él casi por casualidad. Uniformados a bordo de un patrullero que realizaba una ronda por la calle Lola Mora al 400 lo vieron salir de la casa de su madre en un Chevrolet Corsa (HAN 170) color champagne. Intentaron detenerlo, pero "El Pelao" intentó escapar. Según informó el oficial Daniel Robles al matutino, el prófugo habría llegado recién el día anterior a la provincia.

A plena luz del día

Luis de la Vega tenía 42 años y una hija de seis años y un nene de tres. Su familia reclamaba todos los martes en la Plaza Independencia, junto a la comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad, que el prófugo estaba en la Provincia, que se movía a plena luz del día y que les resultaba incomprensible por qué la Policía no podía dar con un prófugo que ni siquiera parecía tener interés en esconderse.

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