Laurinda Villalba, una vecina del barrio Ampliación El Vinalar, pasó unos 15 años en la lista de espera del Incucai.
La “joven abuela de 89 años”, como la definió la doctora María Luisa Montoto de Rogel, tiene pocas posibilidades de recuperar la visión de su ojo izquierdo. Sin embargo, su salud mejorará mucho gracias a este trasplante que logrará frenar una infección.
Se trata de una “cirugía reconstructiva”, con la cual se busca recuperar la forma y la anatomía del ojo. “Ella había tenido una perforación corneana con abceso posterior que había comido su córnea y corría riesgo su otro ojito”, explicó Rogel.
La intervención comenzó a las 8.15 y concluyó a las 9.30 aproximadamente en el Hospital Oftalmológico Doctor Enrique Demaría. La doctora Rogel contó que fue una cirugía “tranquila” y “arreglada”.
Una esperanza más
Tiempo después de salir del quirófano, Laurinda se veía ansiosa y contenta a la vez por los resultados de su operación. A pesar de que las posibilidades de ver son muy pocas, dijo: “Estoy muy contenta, la doctora tiene muy buena mano y no he sentido nada”.
Asimismo, agradeció a través de los medios a esta profesional que se encargó de que todo saliera como se esperaba y a todo el equipo de enfermeros y demás personal que intervino en la operación.
Por su parte Ana Moreno, una de la hijas de Laurinda, manifestó su agradecimiento a quienes tomaron la decisión de donar. También comentó que la noticia de que su madre recibiría una córnea fue toda “una sorpresa” para la familia.
“Mi mamá estaba perdiendo las esperanzas por su edad y ahora tiene la córnea, gracias a esta doctora que se preocupó tanto y a todo el personal; se han portado muy bien”, señaló. También la doctora Rogel quiso brindar su sincero agradecimiento a las familias donantes, “que tienen la generosidad de recordar que hay mucha gente esperado”.
Destacan el incremento de donantes y su importancia
En la mañana de ayer, la doctora Montoto de Rogel recordó que el primer trasplante de córneas del norte argentino se realizó en nuestra provincia en el año 1991.
Destacó el hecho de que el número de donantes haya ido ascendiendo desde ese momento y resaltó la “generosidad” de quienes han decidido donar.
Finalmente confesó que una mamá que perdió a su único hijo le enseñó alguna vez que al donar órganos, la persona “no se termina de ir”.
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