Recuerdo el día que fue elegido el Papa Francisco. Lo recuerdo como seguramente lo recordarán miles de argentinos. Es un recuerdo marcado por las sensaciones. Por los sentimientos.
Cuando el nombre de Martino comenzó a circular por los medios como el posible sustituto de Vilanova, pocos apostaban por él. Especialmente los aficionados. Más allá de los rumores de la prensa, pocos creían en que la apuesta fuerte de la directiva fuera el Tata. Y los motivos son simples, Martino (más allá de sus indiscutidos y grandes logros como DT) no es entrenador mediático en esta Barcelona plagada de estrellas. El Tata, hasta que no empezaron a circular informaciones y videos sobre su trabajo, se puede decir que era una persona, a grandes rasgos, anónima para el grueso de la sociedad catalana. Un entrenador conocido por una parte de la prensa especializada pero con poca chapa para llegar al mejor club del mundo (o uno de los mejores). Caso diferente al de Luis Enrique, el otro de los candidatos que habían aparecido. Idolo como jugador y tras un buen trabajo en el Barsa B, el asturiano (actual DT del Celta) era quien contaba con mayor crédito por parte de la gente.
Pero hubo fumata blanca y el nombre de Martino se hizo dueño del mundo. Incredulidad, apatía y miedo ante el desconocimiento marcaron las sensaciones de este lado del Mediterráneo. Orgullo y sensación de justicia se apoderaron de los cuerpos argentinos.
Ya pasadas las horas de la designación y tras el derroche informativo sobre la vida y obra del Tata a cargo de los medios españoles y del mundo, las sensaciones se van calmando. La gente comienza a conocerlo. Sabe que es un hombre sincero, respetuoso y amante del estilo Barsa. Y esa forma de ver la vida y el fútbol pueden encajar a la perfección en el club. Hoy la visión ya empieza a ser otra. Su conducta y honestidad, son valores de vida que están siendo muy bien recibidos en una sociedad catalana que siempre aboga por el respeto. Y así, del asombro inicial, del desconocimiento, poco a poco, se está pasando al entusiasmo por ese rosarino, ídolo del Newell's de Messi y que acaba de ser campeón del fútbol argentino.
Barcelona es una ciudad respetuosa, abierta, tolerante. Acogedora. Y su gente así te lo hace sentir. Hoy, Barcelona, su mundo, su cultura, tiene todo preparado para recibir a Martino. La gente habla de él en los bares, en el metro, en el trabajo. Fue tapa de todos los diarios. Su nombre ya no es desconocido. Tendrá mucho trabajo por hacer. La película del Tata en el Barcelona ya está a punto de comenzar a rodar. Tiene a los mejores actores y a un público exigente pero respetuoso al que se deberá ganar día tras día. Ya no hay apatía. Hay confianza. Y el entusiasmo comienza a ganar puntos. Ahora es cuestión de fútbol y resultados. Nada difícil. Tampoco fácil.

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