El hecho sucedió en los festejos del bicentenario, pero no trascendió. Los invitados a los actos en El Trapiche esperaban una fiesta, pero se encontraron con los lamentos del intendente Hugo Hissa quien, con la voz quebrada por el llanto, comunicó a los comensales del almuerzo organizado por la Municipalidad que manos anónimas habían destrozado el salón que iba a inaugurar con toda la pompa para la celebración de la fecha patria.
La obra fue realizada para que los pobladores de La Florida tengan a mano una “oficina de la intendencia” donde concurrir a pagar sus impuestos.
Según se comentó, la nueva casa municipal se hizo con buenos materiales y una atrayente arquitectura, pero lo sucedido durante la conmemoración de la fecha patria dejó en claro que la obra se hizo a espaldas del sentimiento de los pobladores de La Florida, que no ocultan su indignación por el “despojo” de su propio municipio y por pasar a ser, literalmente, un barrio más de la intendencia de Hissa.
El Municipio de La Florida dejó de existir en abril del año pasado. Las razones que expuso el gobierno fueron que la cantidad de habitantes hacía “inviable” una organización administrativa autónoma en ese lugar. No obstante, al mismo tiempo, la provincia le daba forma al proyecto de creación de un nuevo comisionado municipal, en Estancia Grande, una zona donde viven menos vecinos.
La idea de hacer desaparecer el municipio de La Florida y agrandar la jurisdicción de El Trapiche habría nacido de la misma mente de Hissa a fines de 2008, cuando presentó la propuesta avalada por la firma de 400 vecinos. Otro dato curioso, porque según el último censo realizado en el año 2001, la población de La Florida era de 340 habitantes.
No obstante, la propuesta prosperó y contó con el total apoyo del gobierno y cuatro meses después ya era una realidad. Hissa había asegurado que los pobladores de La Florida no sólo estaban de acuerdo con estos cambios sino que “festejaban” la iniciativa.
Pero los cuestionamientos sobrevinieron inmediatamente. Los trastornos para los vecinos de la Florida, una localidad ubicada a 50 kilómetros de San Luis y separada de el Trapiche por el dique La Florida, se notaron fundamentalmente en las grandes distancias que debían recorrer para cualquier trámite municipal.
Además, los pobladores demostraron que si bien el Municipio que tenían ni siquiera poseía un inmueble y no contaba con el apoyo del gobierno, el sentido de pertenencia y orgullo de vivir en una localidad autónoma, con su propio comisionado, era fuerte.
No obstante, Hissa continuó con sus planes de extensión de la jurisdicción de El Trapiche que no sólo logró la anexión de La Florida sino también de otras localidades y parajes mucho más alejados como Paso del Rey, La Arenilla y Pampa del Tamboreo.
La desaparición del municipio de La Florida, una de las localidades turísticas más pintorescas, cuyo nombre lleva el dique más antiguo y extenso que tiene San Luis, generó críticas también en otros sectores.
En abril de 2009, cuando el proyecto se debatió en Legislatura, el diputado Pedro Risma sostuvo: "debió hacerse al menos una consulta con el pueblo de La Florida, antes de propiciar la desaparición de este municipio y su absorción por parte de El Trapiche…Creo que es todo una gran improvisación porque se dispone disolver este municipio diciendo que es inviable y hace muy poco se acaba de crear otro a menos de 10 km, la misma distancia de El Trapiche, en Estancia Grande. Me pregunto: ¿por qué este de La Florida es inviable y aquél otro no lo es? ¿Será porque en aquél vive el gobernador y por eso sí es viable?".
Pese a estos argumentos que dejaron con poco margen para una fundamentada refutación, el proyecto fue aprobado por mayoría en la Cámara de Diputados y luego por Senadores.
Durante todo el año pasado y en lo que va del presente Hissa recibió innumerables reclamos y peticiones de los vecinos de La Florida, cuestionamientos que apuntaban al tema de fondo: la inconsulta “reorganización” de los municipios de la región.
Este bicentenario, la agenda de festejos en el Trapiche fue borrada de la lista. Las lágrimas del intendente por la frustrada celebración que quería mostrar al gobernador Alberto Rodríguez Saá, significan poco si se tienen en cuenta la bronca y la impotencia de los vecinos de la zona, incluso del mismo Trapiche, por los cambios arbitrarios en las jurisdicciones.
Algunos se preguntaron si el intendente habría llorado también cuando estuvo involucrado en escandalosas causas judiciales por presuntas maniobras irregulares durante la primera etapa de la promoción industrial; o por el procesamiento por supuesta estafa a una empresa de Villa Mercedes; o por el escándalo de su prima hermana, Esther Sesín con Adolfo Rodríguez Saá (el recordado caso del “Y…no sé”); o por su sospechosa participación en el proceso de privatización del Banco de San Luis…, pero eso es harina de otro costal, ahora las lágrimas son por un coqueto salón que no pudo inaugurar. El intendente no tendrá oportunidad de hacerlo en el tricentenario, porque el tiempo es tirano y no existe mal que dure cien años.


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