Transitar por puentes y cabinas de peaje, todo un riesgo y desafío

Transitar por puentes y cabinas de peaje, todo un riesgo y desafío
Cerca de 50 mil personas cruzan diariamente de una provincia a la otra. En horarios pico se generan embotellamientos y demoras. Un panorama complejo y, por ahora, sin solución.

Cruzar los puentes carreteros y la zona de las cabinas de peaje es una aventura en horarios pico, especialmente desde Neuquén hacia Cipolletti.

Desde que la empresa Caminos del Valle dejó la concesión, el 1 de mayo, las cabinas quedaron como testigos del caos de vehículos y el embotellamiento que se produce en horas pico, cuando miles de personas cruzan el límite entre ambas provincias.

Autoridades de Río Negro y Neuquén solicitaron hace dos meses al Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi) que apure la remoción de las instalaciones, sin respuesta hasta el momento (ver recuadro).

Los problemas para cruzar comienzan del lado neuquino, en la calle Alderete al final. Allí confluyen quienes circulan por este camino y quienes lo hacen por Independencia. Luego deben esperar con paciencia y concentración que se haga un claro para cruzar las vías del ferrocarril, volver hacia el lado neuquino para retomar la rotonda que los ubique en la multitrocha. Todo un desafío que se resuelve con la ley del bocinazo, el insulto a viva voz o la imposición de quien tiene el vehículo de mayor porte.

Ingresar al viejo puente también constituye en una prueba de valentía debido a que la estructura que se levantó a principios del siglo pasado sólo tiene dos carriles con espacio muy limitado para dos vehículos. Al salir, el automovilista tiene que resolver tres o cuatro opciones para pasar por las cabinas de peaje en cuestión de segundos. Las decenas de autos que llegan a la vez terminan en un embudo. También allí suenan las bocinas pidiendo lugar hasta volver a retomar la multitrocha del lado rionegrino. Con suerte habrá un policía controlando el tránsito y haciendo gestos con el brazo en alto para que los automovilistas disminuyan la velocidad. Por lo general, todo ese tramo es tierra de nadie.

Una báscula para pesar camiones, a la vera de la ruta, complica aun más las cosas. Los pesados rodados tienen que bajar la velocidad, bajar a la banquina y luego retomar la calzada, para lo cual el policía en cuestión debe frenar el tránsito para evitar accidentes.

De frente

Desde el otro lado, centenares de vehículos llegan desde Cipolletti o de Cinco Saltos (por la Ruta 151), por lo que el ingreso a la rotonda también es caótico. Por fortuna, la gran mayoría de los que transitan por la Ruta 22 respeta la prioridad de paso de quienes toman la circunvalación. No cumplir con esta norma de tránsito podría generar una tragedia.

Los ciclistas y motociclistas terminan de componer un paisaje urbano caótico, descontrolado y librado a la suerte. En esta frenética circulación son los que llevan las de perder, por no tener más que un pequeño chasis para absorber cualquier impacto.

Los últimos datos oficiales indicaban que cerca de 50 mil personas cruzan diariamente por esa zona, una cifra impactante que debería ser tenida en cuenta para evitar molestias, demoras y hasta accidentes.

Comentá la nota