El tractorazo no es folklore, es política

Hace más de 20 años que el sector frutícola se debate en una crisis de rentabilidad. El Estado nacional sigue aplicando retenciones que afectan directamente la producción. El gobierno neuquino tiene una posición ambigua. No se debe menospreciar el efecto electoral que puede tener el conflicto.
Hay pesimismo en el sector frutícola, y un desencanto que comparte cartel con el enojo hacia los gobiernos provinciales y el gobierno nacional de Cristina Fernández. Esa es la sensación, ante una realidad que por más que se busquen distintos enfoques, termina siempre mostrando la misma cara: la principal economía regional del Alto Valle de Río Negro y Neuquén sigue agobiada por una política de retenciones que castiga directamente a la producción.

El tema puede tener incidencia electoral, claro, este año. Aunque sea de Perogrullo esta afirmación, no conviene menospreciarla. Como tampoco se puede confundir el enojo que ocasionan los cortes de ruta, con la noticia de fondo, la que realmente importa: la notable incongruencia que implica que la producción frutícola, que provee de miles de puestos de trabajo, en lugar de brindar una razonable ganancia, ocasione pérdidas.

El gobierno de Neuquén enfrenta esta coyuntura intentando el mismo argumento de siempre: no es tan importante para Neuquén como sí lo es para Río Negro. Está equivocado. Es más importante para Neuquén, dado que la actividad agroindustrial está en pleno desarrollo, de menor a mayor ¿o acaso no se prepara este verano la licitación y venta de miles de hectáreas que serán puestas bajo el riego del canal del Mari Menuco?

Este jueves, el ministro de Desarrollo Territorial, Leandro Bertoya, hizo uso de esa dialéctica ambigua para moverse en el delicado equilibrio político que se le exige al gobierno de Jorge Sapag. Se afirma que la eventual solución le corresponde al gobierno nacional, porque hay una política (la que fija retenciones, por ejemplo) que no es fijada por la provincia. Al mismo tiempo, se sostiene que el gobierno nacional “tiene voluntad” de llegar a esas soluciones.

Es evidente el esfuerzo para no aparecer en una postura directamente crítica hacia una política que puede llegar a pulverizar cualquier intento serio de reconversión económica en Neuquén. A esta altura, no hay duda que el gobierno de Cristina Fernández no se lleva ni se llevará bien con los sectores agropecuarios de la Argentina. Pero en la región el tema es aun más grave, porque está en juego el delicado equilibrio que sostiene o deja de sostener una economía regional histórica.

La diputada nacional Alicia Comelli expresó también este jueves (en declaraciones a LU5) que el MPN ha aportado soluciones desde las bancas del Congreso. La legisladora sostiene que debería haber cero retenciones para el sector frutícola valletano. Es evidente que la línea política en la Cámara de Diputados del partido provincial siempre ha sido más crítica que lo que el oficialismo provincial está dispuesto a admitir desde el Ejecutivo. Obviamente, esto no alcanza ni alcanzará para contener la bronca de los chacareros.

Esa bronca lleva más de 20 años de tractorazos. En estas dos décadas, se ha pasado de una economía integrada por pequeños y medianos productores, a otra dominada por las grandes empresas exportadoras o por las asociaciones de productores independientes. Ha sostenido una fuerte actividad económica con capacidad de generar miles de puestos de trabajo.

Esta no es una realidad folklórica. Es un hecho político relevante. Que el Estado nacional siga tan indiferente a esta realidad, solo indica que está cada vez más obtuso, metido en su propio microclima lleno de paranoia y maquinaciones.

Nada bueno puede salir de esto.

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