Trabajadores tomaron la planta de Barillari

Cansados de no recibir respuestas a sus reclamos, obreros de la industria del pescado tienen tomada la planta de la empresa Antonio Barillari. Un grupo de trabajadores tomó en la planta procesadora el lunes por la tarde en reclamo por el pago de salarios caídos. Las protestas de los llevan siete meses, mientras que la empresa tampoco está saliendo a pescar.
Se trata de trabajadores nucleados en pequeñas y medianas empresas (PyMEs), creadas y controladas por el propio Franco Barillari, como una exigencia de los gremios vinculados al proceso productivo y de las autoridades laborales, para sortear el proceso de convocatoria de acreedores, que en total superan las 170 personas, entre fileteros, envasadoras, peones y camaristas.

Los obreros ingresaron el lunes por la tarde y pacíficamente ocuparon las instalaciones de la empresa, ubicada en José Hernández 69, casi Juan B. Justo. En el interior se encontraron con una cuadrilla de limpieza y empleados de administrativos.

El edificio es una muestra viva de la crisis que atraviesa la empresa en los últimos dos años. En sus muros exteriores, aberturas y portones han quedado reflejados el descontento obrero.

Hace dos meses la planta fue incendiada por un grupo de empleados, minúsculo y extremista, luego que el empresario faltara a una nueva promesa de pago. Todavía quedan secuelas en el interior; las paredes del sector de empaque donde se propagaron las llamas siguen oscuras por el humo.

Esos obreros arreglaron la salida de la empresa en cómodas cuotas hace menos de un mes. Pero la paz social no se ha podido recuperar pese a que Barillari ha continuado vendiendo activos, aunque esto no le permitió lograr previsibilidad y regularidad en el acotado circuito productivo que le queda.

Barillari vendió Pesca Ángela y más de una docena de camiones con los que hacía la logística del mercado interno y Brasil, pero los obreros del pescado siguen reclamando por salarios caídos. Hace unos días se paralizaron las obras de reparaciones de su flota menor porque no le pagaba a un práctico de muelle.

“Lo último que depositó fueron 250 pesos pero mantiene deuda del garantizado desde mayo”, confió ayer Karina Guzmán, miembro de la Comisión Directiva del SOIP. “Los compañeros están decididos a mantenerse en la planta hasta que pague lo que debe”, anticipó la dirigente.

En el interior del frigorífico tomado las cámaras guardan pescado congelado. Ayer a la mañana hubo un intento de negociar la salida del pescado para, según les dijeron desde la pesquera, poder sacar muestras y venderlo.

“Por qué no lo sacaron cuando estaba desocupado. Son todas maniobras para seguir engañándonos”, reconoció un filetero ayer, ante la visita de REVISTA PUERTO. No quiso identificarse para “no tener problemas”.

¿Hay un problema mayor para un trabajador que no poder llevar el pan a la mesa? Barillari no deja que ese derecho básico pueda ser concretado porque no reactiva la poca flota que le queda.

Desde la empresa señalan que no pueden afrontar el grado de inversión que requieren si la Sindicatura y el juez que entienden en la causa no liberan los fondos.

El buque pesquero “Feixa”, el más grande que le queda y que estuvo operativo hasta no hace mucho, luego de completar la primera marea del año no pudo volver a pescar.

Sin posibilidad de aportar materia prima fresca propia, sin tener la planta en condiciones de procesar el pescado propio o uno ajeno, las sombras no abandonan el horizonte por donde transita Barillari.

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