Artesanal. El escritor Francisco Avendaño dará a conocer esta noche su nueva obra.
Francisco Avendaño sabe lo que hace, su mano lo sabe, reconstituye una tierra propia, pero antes que nada, la reivindica. La demanda de quienes lo desposeyeron.
Pero para Marcos Cáceres eso ya sucedió, ya pasó, fue alguna noche, la misma noche, incluso, debe estar redactado por ahí, en algún lugar variable entre los problemáticos cauces de los ríos de Santiago.
Es muy viejo para haber vivido sólo una noche, aunque esa noche sea infinita. "La soledad sigue siendo el deporte nacional en estos cuartos". Son muchos, los cuartos, y quienes como él, escriben en la noche la radiografía precisa de la destrucción. Porque lo destruido era viejo como un país, porque lo destruido se consumió en miles de años, y sus ruinas rodearon la noche oscura, la mitad de la noche, iluminada por la belleza sucia de lo que renace. "Mi ciudad ha sido devorada por las flores y hundida en un viejo silencio".
Algo brutal, preciso, sistemático, ha sucedido. No ha perdonado a nadie. Y sin embargo, todo es muy tranquilo, para que un escriba permanente, para un sujetador de palabras, para el armador artesanal de un verso, pueda mirar y trabajar como un orfebre la línea, la calamidad no debe azorarlo no puede interrumpirlo de ninguna otra manera. El génesis ha comenzado, la vida continua, la extrañeza de la nueva vida la observa desde afuera, con escepticismo, desde atrás del vidrio de una ventana. Está demás decir que él es el escriba, con él recomenzará la narración. "Intenta un recuerdo que prometa un origen, la piedra donde fundar un templo".
Cuando leí un poema de Francisco, hace no tanto tiempo, tuve la impresión de la tierra plana infinita, una especie de cartografía de Santiago que incorporé naturalmente. Por mucho otro poema sobre Santiago que haya leído, ninguno pudo darme la orientación sensorial, las coordenadas emocionales de la longitud, la ubicación precisa de la tierra.
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