"Las tomas reflejan la crisis del régimen de propiedad privada capitalista"

Lo afirmó la socióloga de la Universidad Nacional del Comahue Mariana Giaretto, quien investiga la relación entre el Estado y los grupos sociales que toman tierras urbanas.
La falta de soluciones en materia de viviendas en Neuquén se transformó en un problema social que parece estar muy lejos de resolverse, sostuvo la especialista.

Neuquén > "En un contexto donde las políticas de Estado son insuficientes y contradictorias en relación a la crisis habitacional, los sectores populares tienden a autourbanizarse", señaló la socióloga Mariana Giaretto, docente e investigadora de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Fadecs) y del Centro de Estudios Históricos de Estado, Política y Cultura (Cehepyc) de la Universidad Nacional del Comahue.

La falta de soluciones en materia de viviendas en Neuquén se transformó en un problema social que parece estar muy lejos de resolverse, sostuvo.

Consideró que "el sistema capitalista, que para salir de la crisis optó por retraer la inversión en políticas públicas, funciona a través de la desposesión. Una forma de desposesión es la de la vivienda; es decir, la imposibilidad que tiene la mayoría de la población en acceder a una vivienda propia", explicó. "Y al mismo tiempo se da la concentración de la propiedad en pocas manos privilegiadas que se lanzan a la especulación inmobiliaria", agregó.

En su opinión el problema que presenta la toma de terrenos está ligado a la relación de los grupos sociales populares con el Estado. Y a esto se le han sumado, en estos últimos tiempos, los hechos de violencia que se han registrado en los asentamientos ilegales. "Lo que habría que analizar es de qué manera el Gobierno articula diferentes estrategias para diluir o neutralizar el conflicto", agregó.

Desposesión y violencia

Para la especialista los hechos de desalojo y violencia "se deben a la estructura política que en Neuquén es bastante compleja y tensa, sin perder de vista el rol del aparato represivo de la Policía que conlleva una historia de marcar al cuerpo social, golpeando y asesinando, sin perder de vista ni la trayectoria de los sectores populares que han sostenido una lucha social para acceder o recuperar los derechos sociales que de a poco fueron perdiendo".

Sostuvo que durante el período del Estado de bienestar "estos sectores populares fueron satisfaciendo sus necesidades porque era la estrategia del Estado la de neutralizar los conflictos entre el capital y el trabajo concediendo entre la clase trabajadora y la clase propietaria".

Pero cuando esa estrategia se modifica inevitablemente los sectores populares también cambian la estrategia de negociación "entonces se produce una acumulación de violencia que estalla en las tomas". "El problema es anterior, y tiene que ver con los procesos económicos sociales que llevan a acumular ese nivel de violencia que tiene que ver con la desposesión. La gente acumula violencia en su propio cuerpo porque tiene necesidades básicas insatisfechas para su familia", manifestó Giaretto.

Otro de los puntos que observa la socióloga es el hacinamiento que se producen en estos asentamientos. "Esto también es violencia", afirmó. "Cuando viven tres generaciones -abuelos, padres y nietos-, en una misma vivienda que no cuenta con condiciones mínimas de comodidad, el horizonte de expectativas de acceder a un terreno está muy lejos y más lejana la vivienda propiamente dicha. Es un problema que a largo plazo el Estado tiene que ir resolviendo porque en lo inmediato lo que debe solucionar es cómo distribuir o redistribuir la tierra existente", señaló Giaretto.

Capitalización del conflicto

La socióloga explicó que el problema habitacional se agrava cuando no existe coordinación en los niveles de gobierno municipal, provincial y nacional.

"Me parece que lo que provoca tensión en Neuquén es quién capitaliza políticamente el conflicto de la toma de terrenos. La tierra urbana se ha convertido en la arena de las prácticas punteriles, asistencialistas y clientelares de la política actual. Y en el medio de la puja por capitalizar el conflicto está la necesidad de la gente", subrayó Giaretto.

Otro de los fenómenos que observa la socióloga es que los ocupantes de las tomas eligen terrenos en zonas próximas al centro de la ciudad. "Dentro de sus posibilidades eligen terrenos que puedan satisfacer las necesidades básicas, por ejemplo estar cerca del hospital público o del supermercado".

Fascismo social

La socióloga citó al teórico portugués Boaventura de Sousa Santos quien planteó que la profundización de la exclusión social, de la miseria y de la desigualdad creciente bajo el capitalismo neoliberal implicó la emergencia de un fenómeno que denomina "fascismo societal".

"Este fascismo societal no tiene que ver con un régimen político, pero sí con una forma de sociabilidad, de desigualdades tan fuertes, que unos tienen capacidad de veto sobre la vida de otros". De Sousa Santos advirtió "corremos el riesgo de vivir en sociedades que son políticamente democráticas pero socialmente fascistas".

"Este investigador planteó que en las ciudades aparecen zonas civilizadas y salvajes en las que se materializan las desigualdades estructurales entre poseedores y desposeídos. Dice que uno mira la ciudad y aparece una cartografía dividida, y esto es lo que genera violencia, es ese nivel de contacto entre las grandes desigualdades", expresó.

Durante sus investigaciones recorriendo diversas tomas, Giaretto pudo establecer que "existe el fascismo de la inseguridad que establece Sousa Santos. "Estas personas están libradas a las inclemencias de la naturaleza pero también a la violencia social. Cuando hice las entrevistas aparecía en las personas el temor a la toma de la toma. Es una lógica muy contradictoria que, por un lado, la toma cuestiona la propiedad privada que deja afuera a mucha gente pero, por otro lado, la reproduce inmediatamente porque lo primero que se hace en una toma es la parcelación y se establece quién es dueño de cada espacio".

Esta contradicción puede parecer funcional al sistema, pero lo cierto es que muestra la tensión estructural entre la concentración monopolística de la tierra urbana y la desposesión de las grandes mayorías, propia del régimen de propiedad privada capitalista.

Afirmó que al Estado "le conviene que la gente se autourbanice de este modo", porque esta aparente autourbanización de los sectores populares "le permite desplegar diferentes mecanismos de dispersión del conflicto, según la coyuntura y el nivel de conflictividad que presente cada toma. Mecanismos que pueden variar desde la represión-exclusión, como son los desalojos, hasta la socialización-integración como es la consolidación de la toma vía la cooperativización. Esta ambigüedad de las maneras de intervención estatal logran dispersar el conflicto sin superarlo, lo que permite resguardar la estructura profunda pero sólo a corto y mediano plazo".

Giaretto subrayó que "lo que tal vez esté en crisis sea el régimen mismo de propiedad privada capitalista, por lo tanto lejos de ser un problema coyuntural que requiera soluciones cortoplacista, es un problema estructural que requiere un profunda transformación de nuestra relación con el espacio y con nosotros mismos".

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